Mendoza,

de
de

 

Jorge Sosa

Solución

El tipo es conflictivo, es de buscase conflictos. Cuando no se los provee la naturaleza, o la casualidad o los dioses del averno, se los busca él. Los sufre, los aguanta y a veces los disfruta.

12/1/2017

Tiene conflictos de pareja, con los hijos, con su jefe, con el tránsito, con los vecinos, con el gobierno, y hasta consigo mismo si es que ha comenzado a practicar la autocrítica. Eso sí, no los resuelve, permanecen intactos cuando no se agrandan.

Tenemos ejemplos sobrados en el mundo: el conflicto “árabe-israelí”, por ejemplo, tan viejo como la Biblia y ahí está, bien cuidado por ambas partes. Otro caso es el conflicto entre “Las dos Coreas”. Se agarraron a los coscachos allá en la década del cincuenta y siguen asechándose y provocándose: que hoy amenaza la del Norte, que mañana amenaza la del Sur y ahí andan armándose hasta los dientes por las dudas, sin comprender que si llegan a agarrarse de verdad a ninguna de las dos les van a quedar dientes.

Un conflicto nuevo es el de los inmigrantes que llegan a Europa de Asia y de África.  Torrentes de seres humanos que huyen de lo peor, porque puede haber cosas peores que ahogarse en las aguas del Mediterráneo. Menos mal que ahora tenemos a Trump que va a arreglar el enojoso asunto.

Pero no vayamos tan lejos. Entre nosotros un conflicto de, hasta ahora, imposible resolución, es el cruce a Chile por el Cristo Redentor. Desde que se inventó el automóvil que viene existiendo y como cada vez hay más automóviles, se agranda y es portada de los diarios varias veces al año.

Las colas que se forman son kilométricas y producen conflictos institucionales: puteadas contra los de la aduana, puteadas contra los carabineros, puteadas contra los de inmigración, puteadas por la falta de servicios y protección. En definitiva, un concierto de puteadas de una serpiente de metal que avanza con la misma velocidad que una tortuga con callos plantales. Hay personas a las que les han festejado dos veces el cumpleaños mientras dura la espera. Hay otros que salieron con vacaciones en el trabajo y durante la espera recibieron la jubilación.

Y eso también provoca conflictos familiares, porque la familia no está a acostumbrada a la espera, entonces la mujer, que suele ser la encargada de dar los titulares del conflicto, que empieza: “Negro, decile al nene que no le tire piedras a los del auto de atrás”. “Negro, prendé el auto y poné la calefacción que está haciendo mucho frío”. “Negro, apagá el auto que nos vamos a quedar sin combustible”. “Negro, conseguí algunos sánguches que nos vamos a morir de hambre”. “Negro, no insultés tan fuerte que  despertás a la nena”. “Negro, derretí un poco de nieve que tengo sed”. Una sumatoria de conflictos que pueden estar ocurriendo en estos momentos mientras ustedes están leyendo este esperpento vía impresa.

No se le encuentra solución al tema y yo pienso que no es muy difícil. Si esperamos a que los dos gobiernos afectados se pongan de acuerdo, el asunto se va a hacer más dilatado que la salida al mar de Bolivia. Entonces usemos el sentido común.  No se trata de evitar la espera, sino de aprovechar la espera. ¿A qué vienen los chilenos a Mendoza? Pues a comer carne y escuchar tangos. ¿A qué van los mendocinos a Chile, habitualmente? Pues a comprar tecnología, a veces, exclusivamente. Pues instalemos en Horcones una gran parrillada con excelentes ofertas de carne argentina y buenos cantantes de música ciudadana e instalemos en Libertadores un gran shopping especializado en artículos electrónicos. Ya van a ver cómo nadie se queja de la espera.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Sosa