Mendoza,

de
de

 

Jorge Sosa

Se viene el que se viene

Ha sido un año muy duro, pero entre las cosas lindas que me tocó vivir, la tajada más grande es de ustedes. Como dijo Benedetti: Gracias por el fuego. Ahora sí vamos a la última nota.

Por Jorge Sosa sosajorgeluis@yahoo.com.ar

Se avecina un año nuevo. A propósito, tengo algunas dudas. Por ejemplo: el año que viene ¿de dónde viene? Es más. El año que viene ¿se animará a venir? Ante el advenimiento del nuevo año el tipo se predispone a desearle lo mejor a sus semejantes. Entonces recurre a frases que en el colmo de la originalidad dicen: “Feliz o próspero año nuevo”; “Que sea un gran año para vos”;  “Buen fin y mejor principio” o “Buen morfi y mejor chupi”, que será menos poético pero más real.

Uno se ilusiona con el año nuevo sin darse cuenta de que  es sólo una contingencia del calendario que en todo lo demás nada ha de cambiar: no habrá economía nueva, ni política nueva, ni educación nueva, ni otras novedades más. Sin embargo, ilusamente, uno se ilusiona. Creo que más por el hastío que le provoca el año que se termina que por las expectativas que le despierta el que vendrá. Sin embargo deposita esperanzas, tal vez ahora menguadas, en el que está por llegar.

Generalmente los humoristas gráficos representan el momento con un anciano que parte con su maleta deshecha frente a un niño que llega con su mochila nueva. En el globito de las palabras puede leerse que el viejo dice: “Tené cuidado con este mundo, pibe. Es muy ingrato. Te hacen laburar todos los días las 24 horas y a los doce meses te jubilan. Tené cuidado”

Hay muchos refranes referidos al año. Repasemos algunos: año de heladas año de parvas, que denota que el año de grandes heladas suele ser también un año de buenas cosechas. No en Mendoza, por supuesto, sino para qué vamos prender los tachos en las hileras. Va otro: el mal año entra nadando, que expresa que son malas las excesivas lluvias a principio de año. Lo que no acontece en un año, acontece en un rato, que se refiere a lo sorpresivo de los hechos humanos. Más vale año tardío que vacío. Este es levemente optimista y significa que por malo que sea esperar mucho tiempo una cosa, siempre es mejor que dejarla de conseguir. Y el último: no digáis mal del año hasta que sea pasado. Le puede pasar a usted que ha estado insultando al año y sus usuarios en arameo durante once meses y 29 días y a lo mejor el día 30 se saca el Quini seis. ¿Dónde se guarda los insultos, ah?

Pero hablemos del año que viene. Un año puede ser algo especial, el que viene lo es. Por primera vez y por última, en la historia de la humanidad, un año va a caer en 2016. Un año puede ser bisiesto. Los habitantes de Santiago del Estero durante un año bisiesto duermen dos veces por la tarde. Hay años académicos, astronómicos, sabáticos y otras esdrujuleces más. Nada de eso ocurrirá con el 2017, las únicas certezas del año que viene es que es un año electoral. Y bueno, qué se le va a hacer, mi amigo. Lo será definitivamente y no le podemos sacar el cuerpo ni el voto.

Como dice el tango: “Yo sé que ahora vendrán caras extrañas, con su limosna de abrigo a mi tormento…”, vendrán los rostros sonrientes de nuestros futuros salvadores ostentosos de esperanza en afiches callejeros. Y un día, tal vez el día menos pensado, inevitablemente un domingo, iremos otra vez a dar nuestro mandato adentro de un cuarto oscuro. Lo que nos da una cierta seguridad. El año que viene será un año del cual, de algo, nos vamos a arrepentir.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Sosa