Mendoza,

de
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Jorge Sosa

Papá Noel

Repaso el pesebre y veo: al niño por supuesto y a sus padres, algún ángel custodio necesario y también alegórico, los pastores, infaltables, de ambos sexos y aún algunos pastorcitos mirando curiosos hacia el interior.

Sigo viendo: los reyes magos, que llegaron días después de la natividad pero bueno, están bien puestos, no desentonan, les concierne el asunto. Sigo con los animales: dos ovejitas en representación de la majada, una vaca, un burro, camellos que abundaban por la zona y un choco callejero y sin dueño o tal vez dos.

Ahora me pregunto: ¿dónde está Papá Noel? Le juro que lo busco por todos lados y no lo encuentro. ¿Es que Papá Noel no estuvo en Belén? ¿Papá Noel no participó en aquel momento histórico para la cristiandad? Vos sabés que no, che. No estuvo, no se enteró, no fue invitado, no participó, no formaba parte de aquel instante fundacional. Y entonces me viene otra pregunta. ¿Qué hace Papá Noel en esta celebración?

El origen del gordito que ser ríe con “o”; fue un San Nicolás, obispo de Asia Menor del siglo “IV”. (Yo no sé cuándo va a crecer de una vez por todas esa parte de Asia que hace como dos milenios viene siendo menor). San Nicolás se destacó por salvar marinos atrapados en la tempestad, que no sé cómo se largan a navegar con esta tormenta de la San Pauta. Pero también se destacó por dar generosos regalos a los pobres. Igualito que nuestros gobiernos.

Su fábula se extendió por toda Europa como donante de regalos. En Alemania se lo hacía cabalgando por el cielo en un caballo, vestido como un obispo y acompañado por Black Peter, un genio malo cuyo trabajo consistía en azotar a los niños malos (después hablan de la violencia familiar de ahora).

El simpático personaje del que hablamos tiene varios nombres: le dicen Pére Noël, en Francia; Junlenisse en Escandinavia; Father Christmas en Inglaterra, Sinter Klass en Holanda; el viejito pascuero en Chile, y Cholo entre sus amigos. Pues bien, el look que luce el Papá Noël actual,  no tiene un corno o dos cornos con la forma de vestir que tenía el auténtico San Nicolás. Fue una ocurrencia del dibujante norteamericano Thomas Nast, que allá por 1860 decidió dibujar al gordito regalero como él lo veía.

Miren, che, con todos respeto a los que inventaron el personaje y lo hicieron popular, Papá Noel no tuvo en aquella circunstancia ocurrida hace aproximadamente 2004 años atrás, no figura en la Biblia ni en los relatos religiosos, ni en las crónicas romanas. Es un invento muy posterior. Y entonces me digo: ¿estaremos siendo justos, estaremos atendiendo verdaderamente a los asuntos sustanciales? ¿No debería ser el niñito Jesús, o el niñito Dios si ustedes lo quieren el protagonista del festejo? ¿No es él el que vino a cambiar la historia, el que vino a fundar una nueva fe y una nueva esperanza?

 Y sin embargo nosotros no adoramos a un bebé fundamental en su cunita de paja que vino a regalar vida, nos distraemos con un señor que viaja en trineo y viene a regalar objetos.

Con toda el respeto que el gordito me merece y el respeto por la santidad comprobada de San Nicolás, me parece que el gordito es una engañapichanga del sistema capitalista  para vender más, para que consumamos más, para confundir afectos con rentabilidad, y que tiene muy poco, pero muy poco, casi nada que ver con el espíritu navideño. Los que regalaron fueron los reyes magos, ¿se acuerdan, la mirra, el incienso y el oro? Pero no, nosotros insistimos en duplicar las instancias de los regalos. Regalos a fin de año, regalos a principio de año. ¿Así como no vamos a andar todo el año regalados?

Papá Noel tiene gorro, tiene renos, tiene trineos y tiene barra de precios a un costado.

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