Mendoza,

de
de

 

Jorge Sosa

Ganas de ganar

Como ustedes saben, el catalán Joan Corominas es un estudioso del idioma que se metió con la etimología para explicar, con palabras, cuál es el origen de las palabras. Para esta nota me sirve detenerme en la palabra “ganar” o “ganan”.

30/11/2016

Dice Joan que procede (siempre probablemente, porque en definitiva, la etimología es historia y como toda historia tiene varias interpretaciones) del gótico “ganan” que significa codiciar y está relacionado con el escandinavo antiguo “gana” que es “desear con avidez”, pero también “abrir la boca” en el sentido de asombrarse, por ejemplo cuando decimos “me dejó con la boca abierta”. Después las migraciones de estas expresiones con alas transformaron el término hasta el germánico “waidanjan” que significa cosechar.

Todas tienen que ver con lo que pretendo demostrar. Veamos: tomemos la palabra ganar como codiciar, ganar como boca abierta al asombro, ganar como desear con avidez, ganar como cosechar. Ganar siempre procura alegría. Perder es un garrón. Eso de ser “buen perdedor” es una entelequia, perder jode el ánimo, mal predispone. La tribuna diría “perder es un garrón”. En cambio ganar aumenta la autoestima, nos colma de placeres, nos da esperanzas de futuros mejores. La vida de uno necesita algunas victorias de vez en cuando, en la vida.

El triunfo de los muchachos argentinos de tenis en la Copa Davis fue tomado con mucha alegría, más cuando estuvieron a pocos games de perder todo. Hubo un grito de euforia unánime en el estadio de Zagreb, pero también en todo el país, aun en aquellas gargantas que no están acostumbradas a gritar cuando el nuestro produce un “ace” o cuando el versus se desperdicia en una doble falta. Los gritos de alegría se escucharon al lado del court pero también en una casa de adobe de Humahuaca o en un rancho a doble hielo  de la Patagonia. Habíamos ganado. Y era lo necesario. Necesitábamos ganar en algo.

Cuando un triunfo excede lo individual se transforma en una alegría colectiva, cuando un triunfo se hace bajo la advocación de la celeste y blanca se transforma en una cuestión nacional, en un hecho que nos involucra a todos. Gana uno, o ganan cuatro, u once, pero ganan en nombre de todos, entonces a cada uno nos toca una fetita de gloria, una tajada de alegría, somos cada uno una pizquita de ganadores.

El argentino necesitaba ganar algo. Ganar nos reivindica como pueblo, quiere decir que podemos lograr algo, que servimos, que si lo intentamos y le ponemos esfuerzo y talento al emprendimiento, podemos ser los mejores, o, al menos, que tenemos posibilidades de serlo.

El argentino necesita ganar, porque son muchas cosas en las que pierde. Pierde en el sueldo, en la inflación, en la desocupación, hasta en el impuesto a las ganancias, pierde. Pierde con su voto y pierde con sus gobiernos. Es una larga cadena de derrotas las que van conformando su andar cotidiano. Necesita ganar.

Por eso se la criticó tanto a la selección argentina de fútbol en las tres finales perdidas. No por la mera derrota deportiva. No es deportivo el efecto, es social, el argentino necesita ganar en algo. Necesita sentirse orgulloso de algo, necesita que el orgullo de ser argentino se sustente en algún otro orgullo, aunque sea menor.

Por eso el título, no es un mero juego de palabras, es una necesidad. Tenemos “ganas de ganar” y que el triunfo sea de todos.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Sosa