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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 27 de Noviembre de 2018

Las olvidadas hermanas Susanna y Anna Lister

En esta columna, hemos tenido la oportunidad de rescatar a mujeres que hicieron o protagonizaron hechos importantes de la historia, cuyo listado sería en sí, un extenso escrito. Hoy es el turno de estas hermanas, visionarias ellas, pero descartadas por la memoria.

Martin Lister era un conocido investigador inglés, además de médico personal de la reina. Era una figura inquieta e incansable, que buscaba en la naturaleza las respuestas a muchas preguntas que la ciencia de ese tiempo no contestaba.

El hombre tuvo ocho hijos, pero fueron las dos mayores, las que hicieron historia al adelantarse dos siglos en su tarea de ilustración científica. Superaron el destino que siempre estaba reservado para las hijas, aunque fueran acomodadas: una vida cómoda, plena pero indiferente para la sociedad.
Sin embargo, su particular talento y cierto empuje de su padre, les abrió un protagonismo clave en el avance de la ciencia. Las dos hermanas nacieron para revolucionar una rama del saber importantísima entonces y ahora: la ilustración científica. Anna y Susanna fueron las primeras ilustradoras que dibujaron usando un microscopio, y sus obras eran tan buenas que no pudieron reproducirse con la misma calidad hasta dos siglos después.
En esa época, las hermanas demostraron su habilidad de ilustradoras que combinaron con la capacidad de representar lo que realmente veían.
A partir de los diez años, Lister empleó a sus hijas para la ilustración de una de sus obras más conocidas e importantes: la Historia Conchyliorum. Pero gran parte del trabajo pertenecía, en realidad, a sus hijas. La obra contiene cientos de conchas ilustradas con una precisión que no se pudo reproducir hasta mucho tiempo después.
Su padre las instruyó para que no se limitaran a dibujar lo que les decía el instinto y la emoción, sino para que buscaran los detalles que hacían de una pieza distinta a otra. Así, Anna y Susanna consiguieron analizar y encontrar pequeños detalles morfológicos que ayudaban a su padre a determinar las especies y sus diferencias. Ellas debían contar con conocimientos de anatomía, zoología, latín, griego, algo de carpintería, un poco de química y por supuesto, de dibujo.
Pero el punto más relevante de su trabajo se dio cuando las chicas conocieron y tuvieron acceso a los microscopios, pues fue cuando observaron con gran detenimiento un mundo diferente. Estuvieron diez años identificando la complicada anatomía de los moluscos y entre sus éxitos más notables, se recuerda la disección de las branquias y los penes de los braquiópodos.
Sus ilustraciones marcaron un antes y un después en el mundo científico. Otra de las grandes innovaciones de las hermanas al mundo de la ilustración científica, vino de la mano de Anna, la mayor, que dibujó por primera vez los cuerpos de babosas y caracoles vivos.
Cuando se presentó el Historiae Conchyliorum, la obra fue de máximo interés para los naturalistas de la época. Aunque las anotaciones indicaban claramente la autoría de las hermanas, esto fue pasado por alto como un mero detalle de Lister a sus hijas. Con el tiempo, las planchas fueron usadas para publicar otra vez las obras o ilustrar otras, atribuyendo el trabajo únicamente a Martin Lister.
Anna Marie Roos, una investigadora e historiadora, tuvo que buscar entre los efectos personales, polvorientas cajas y libros escondidos, para dar con las planchas de cobre originales, los bocetos y otros documentos de interés. Ella consiguió sacar a la luz algunos detalles de la vida de estas dos hermanas, cuyo destino se pierde en el tiempo.
Como decíamos al principio, en esta columna pudimos rescatar de los recónditos caminos de la historia, el trabajo de mujeres que marcaron hitos de diversas materias en la sociedad. Sin embargo, un tema absoluto de género las postergó injustamente. Vaya este homenaje a dos de ellas, las hermanas Susanna y Anna Lister, dos adelantadas, ilustradoras y mujeres de la ciencia.



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