El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 13 de Noviembre de 2018

Todos los periodistas del presidente

La particular relación del presidente norteamericano, Donald Trump, con el periodismo, levanta una alerta sobre la función de los informadores y cómo separar las emociones del trabajo profesional. Cómo aplicar el bagaje humano para enriquecer subjetivamente el trabajo.

Recientemente (una vez más) se dio el enfrentamiento entre el presidente de los Estados Unidos con la prensa. En realidad, estos hechos vienen de tiempos de la campaña en dónde, el díscolo candidato, llegó a echar de la sala de prensa a aquellos periodistas que lo molestaban. Hace tres años atrás fue con Jorge Ramos de Univisión y ahora fue el turno con Jim Acosta de CNN. Causalmente dos escribas con apellido latino.

Los medios, inmediatamente lo trataron de xenófobo, racista y, por tanto, reaccionario. Sin embargo, un análisis más profundo da por tierra que no haya premeditación en el accionar del principal mandatario. Un estudio superficial señalaría que no se llega a ser un triunfador en muchos aspectos de la vida, cometiendo "tanto errores".  Hay algo más detrás del escenario. Se me ocurre un titiritero que mueve los hilos de esta extraña marioneta llamada la gestión Trump.
Bob Woodward, el dos veces ganador del premio Pulitzer y uno de los periodistas que destapó el escándalo "Watergate" que derivó en la renuncia de Richard Nixon, sostiene que "la prensa ha mordido el anzuelo de Trump". Siguiendo esa línea, reclama que los medios deben mantenerse fríos y hacer su trabajo sin seguirle el juego al inquilino de la Casa Blanca.
Woodward sostiene que Trump no tiene una estrategia global y va actuando de acuerdo a sus impulsos, en los que confía y, según él, lo han llevado a lograr todo lo que se ha propuesto. "Él quiere conflicto y ha puesto a los reporteros en modo de combate, así que tenemos una guerra entre Trump y los medios".
Por la deducción del periodista del Watergate, esta guerra sólo beneficia al presidente y esto sucede en muchos ámbitos en donde se mezclan el poder con la prensa. Por eso es importante y un deber, recuperar la calma como comunicadores y evitar esa mixtura difusa y confusa, cuando no se dividen bien los roles entre los escribas y el poder.
Se deben evitar dos situaciones muy claras: meterse en peleas casi personales con funcionarios  y compartir espacios que son propios de invitados, pero no de la prensa. Porque ambas situaciones eluden el fin supremo de esta profesión. Porque el funcionario puede manejar "su" agenda, pero no la de la prensa.
Woodward señala que los periodistas "debemos recuperar la confianza de la gente, y la única manera de hacerlo es recobrar la calma, elaborar buenas informaciones, presentar los hechos y no ir a programas de televisión a golpear la mesa".
Katharina Graham, antigua propietaria del Washington Post,  llamaba "autocomplacencia incapacitante" a ese ego que puede convertirse en un lastre del trabajo.
Ryszard Kapuscinski, destacado periodista bielorruso, nos recordaba que si queremos mostrar lo malo de la guerra, lo terrible del hambre o la pena de ser pobre, hay que explicar los orígenes, los intereses y los motivos que mueven a los grupos humanos a producir estos acontecimientos. Perseguir solamente acontecimientos espectaculares no alcanza para entender la realidad, porque si no que se deben encontrar las causas remotas y el proceso histórico.
Esa es la misión que legaron miles de maestros. Fueron aquellos que, por un lado, buscaban darle contexto a la noticia, para entenderla. Pero por otro lado, no mezclaban los tantos y no se convertían ni en enemigos ni en amigos del poder. No eran, como la película basada en el affaire de Nixon, "todos los hombres del presidente", sino que se transformaban en "todos los periodistas de la gente". Ni más ni menos.








Seguí leyendo en Jorge Bossio