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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 2 de Octubre de 2018

Gran Hermano o el mundo que te vigila

Cuando se estrenó la película “1984”, recuerdo que las críticas hablaban de un film de ciencia ficción y todos nos asombrábamos de la creatividad de su autor, George Orwell, para generar situaciones que nos parecían sólo provenientes de una mente muy imaginativa. Pero, en este caso, la realidad superó siniestramente a la realidad.

Esta introducción tiene un condimento especial. Orwell escribió su novela “1984” en ¡1949!, o sea su autor se adelantó a su tiempo por más de 70 años. En su momento, como novela o como película, fue un clásico futurista que planteaba una sociedad vigilada en la cual incluso las mentes son custodiadas por la llamada “policía del pensamiento”, en donde el Estado gobierna y el individuo sólo es un engranaje de un gran plan en el que cuestionar al líder, está prohibido.

Pero estamos en el siglo XXI, en plena era de la tecnología y en tiempos en donde el pobre Orwell fue superado por un contexto que no se hubiera imaginado. Porque lo que vamos a contarle a este autor, fue qué hizo el ser humano con sus pensamientos de mitad del siglo veinte.
Una sola firma, la empresa Planet, tiene en órbita 150 satélites del tamaño de una caja de zapatos que toma dos fotografías por segundo y que en un solo día puede retratar la totalidad del planeta. “Oficialmente” monitorizan huracanes o  guían a los agricultores en la siembra. Hay otra empresa, Shooter Detection Systems, que inventó un dispositivo que se instala en la pared de un edificio e identifica sonido de disparos y proporciona automáticamente información a los agentes de seguridad sobre la ubicación exacta del incidente.
China, por ahora no utiliza mecanismos tecnológicos sino que usa a 850.000 voluntarios jubilados, identificados con chaleco o brazalete rojo, que son los ojos y oídos de los barrios de Beijing donde viven; desplegados en masa, ayudan a organizar el tránsito, dan indicaciones a turistas y visitan a enfermos. Pero tienen una tarea supletoria, están atentos a “conductas sospechosas”.
Dos motociclistas llegan, se apean de sus motos y, sin sacarse el casco, charlan un buen rato. Solo ellos conocen el contenido de su conversación. Pero hay algo que seguramente ignoran: a menos de dos kilómetros de distancia, desde una sala sin ventanas, otros dos hombres los están vigilando.
Hoy se comparten o cuelgan en internet más de 2,5 billones de imágenes al año, por no hablar de los miles de millones de fotografías y videos que los usuarios manejan en privado. En 2020, calcula una empresa de telecomunicaciones, que 6.100 millones de personas tendrán un teléfono móvil con cámara. Por el momento se están vendiendo en torno a 106 millones de cámaras de vigilancia al año. Más de tres millones de cajeros automáticos del planeta miran fijamente a sus clientes.
Con este cúmulo de información sobre cómo se controla todo, queda esa sensación de que nuestra privacidad, cada vez es menor y que estamos cerca de la línea editorial de la película de George Orwell. Somos vigilados de las más imaginativas formas y cada movimiento será monitoreado por las infinitas cámaras que circundan el mundo. Si a eso le añadimos las cámaras con el tamaño de moscas que pueden ingresar a nuestros hogares (como mínimo), o los robots que cada vez parecen más humanos con los alcances de Inteligencia Artificial, la situación se complica.
Sólo faltaría lo de invadir nuestros pensamientos, pero seguro que alguien ya está trabajando sobre este particular. Es el Gran Hermano que vigila para que no “pongamos en riesgo al sistema”. Lo que graciosamente hemos identificado como “avances tecnológicos” para bien de la humanidad, podría llegar a ser un émulo mejorado de “1984”. Pensemos cuando, por televisión, vemos el andar y vivir de esas dos docenas de personas ubicadas en una casa vigilada por decenas de cámaras televisión que podríamos ser nosotros, y que la audiencia de ese programa son unos pocos. Pero no los mejores. Es el Gran Hermano que nos vigila.





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