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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Miercoles, 19 de Setiembre de 2018

El encanto de leer, ¿papel o digital?

Sigue latente la discusión sobre la muerte o no de diarios, revistas y libros impresos en papel, ante el avance de la versión digital. Muchos defienden lo tecnológico, así como hay quienes se resguardan en la trinchera de lo tradicional.

Me toca, en estos tiempos, trabajar en forma profesional en ambos lados de esta pelea. Es posible que esta columna usted la pueda estar leyendo en el Diario Jornada impreso y a la vez en la versión digital del Jornadaonline.com. Me podrá caer el mote de “ambiguo”, o hablar de que estoy “durmiendo con el enemigo” o que juego a “dos puntas” y tantas otras adjetivaciones. Sin embargo, yo también estoy inmerso en este debate que transcurre mucho en los medios profesionales y, seguramente, menos en la población. Pero la porfía existe.

Sin ánimo de entregarme a uno u otro lado de la contienda, quiero contarles lo que realmente siento con este tema. Desde ya afirmo que el papel no ha muerto y que tiene larga vida. ¿Cuánta? No sé, pero estoy seguro que dependerá del lugar que le demos.
He viajado en micro y en avión y he visto en ambos, lectores del impreso y de las tablets o celulares. Cada uno con su característica: el tradicional dando vuelta página a página y el otro, con un toque en la pantalla. Ambos requieren, simultáneamente, si es horario nocturno, de la pequeña luz que hay sobre nuestras cabezas. Porque, si bien el digital tiene su propia luz en la pantalla, la costumbre hace que querramos ver un poco más el entorno.
Después se me ocurrieron situaciones en dónde el impreso tiene preponderancia. Como es el caso de los consultorios o salas de espera, ya que no se me ocurre (por ahora) que nos den una tablet, un celular o un pen drive u otro implemento. Seguiremos sacando del canasto o de la mesa, la consabida revista de hace tres años con contenidos que nos hacen expresar: “Mirá la cara que tenía” y otros recuerdos.
Cierto también, que los impulsores del digital tienen un argumento insoslayable: el papel significa árboles caídos (y no siempre repuestos), o sea que pone en juego el medio ambiente de un mundo muy castigado por el ser humano. Por otro lado los tradicionalistas argumentarán que la lectura excesiva de los digitales trae graves consecuencias para la vista y la salud, y también es cierto. Los invito a buscar fundamentos de uno y otro lado y seguro que serán más creativos que yo.
Por lo menos rescaté algunas ventajas de unos u otros. Por el lado digital, los libros, diarios o revistas ocupan menos lugar, no pesan en la cartera o en bolsillo, los costos son menores y uno tiene la posibilidad de leerlos en cualquier momento, en cualquier lugar.
Pero el libro o los escritos en papel, también tienen ventajas, claro que generalmente relacionados a costumbrismos. Una de ellas es el poder coleccionarlos, tenerlos en la biblioteca, pasar y mirarlos casi orgullosamente, es un placer sin par. Otros fetiches juegan, como el olor que desprenden cuando uno los abre, el tacto, la belleza. Si bien algunos recomiendan no prestarlos, ese es otro goce, el de cuando un amigo nos dice: “Cuando lo terminás, ¿me lo prestás?” Y dejo para el final, un regodeo que yo me doy cada tanto: entrar a una librería y pasearse de una estantería a otra, llenándome los ojos de títulos y colores.
Guardo para mí algunas predilecciones de ambos sistemas, para ser lo más imparcial posible. Algunas situaciones podrán compartirse de los dos métodos, como una madre leyendo a sus hijos un libro de cuentos, que tanto podrá ser de papel como digital.
Pero, ¿saben?, lo más importante es que todos no perdamos la sana costumbre de leer, de llenarnos la vida de millones de letras, que penetren por nuestros ojos pero también por nuestros poros, el trabajo maravilloso de los autores. Después veremos si será en un impreso o en un dispositivo. Pero, por favor, sigamos enriqueciendo nuestra alma, con el encanto de la lectura.




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