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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Miercoles, 12 de Setiembre de 2018

El cuadro de los cien refranes

Cuando todo el mundo, incluso yo, busca reflejar los crudos temas de actualidad, las coimas, la recesión, el impuestazo y tanto otros más, sería bueno rescatar la obra de un pintor flamenco, cuyo contenido muestra costumbrismos que casi todos conocemos.

Quiero dejar de lado la realidad, no para seguir el comportamiento del avestruz que creyendo que como no ve algo, no existe. Para nada. Simplemente es bueno darle un respiro a la abrumadora carga que tenemos como sociedad.

Por eso quiero recordar a Pieter Bruegel, llamado “El Viejo”, iniciador de toda una dinastía de pintores y que es considerado uno de los grandes artistas flamencos del siglo XVI. Primero fue un revolucionario porque empezó a pintar paisajes en sí mismos, ya que estos se venían representando sólo como telones de fondo de escenas religiosas.
Pero además, se destacó por las pinturas costumbristas y pintorescas, siendo reconocido como un gran impulsor de las obras de género, que es donde los protagonistas de los cuadros son los personajes de las clases populares y de la burguesía, mostrándolos en las calles, en el mercado, en fiestas, tabernas, y escenas familiares y románticas.
Pero hay un cuadro en particular, que a Bruegel (él firmaba con hache intermedia) lo destaca y al que hago referencia en el título. Originalmente conocidos como “Los proverbios flamencos”, también se lo menciona como “La capa azul o la locura del mundo”. En ella, el artista con gran capacidad para la descripción y el detalle, nos narra en una sola imagen una escena complicada, llena de caracterizaciones y pequeñas historias, con una maestría que podemos comprobar observando cómo logra representar un momento “caótico” en perfecto equilibrio.
Pintado hace 460 años, el artista, en un cuadro de un metro y medio de ancho, reflejó más de un centenar de representaciones literales de las expresiones y los refranes de la época. Algunos que ellos son de fácil reconocimiento por los hispanohablantes y otros no tanto, en esta pintura que actualmente se exhibe en el Gemäldegalerie de Berlín.
Si digo que hay más de cien refranes es porque no se sabe cuántos son. El Museo Estatal de Berlín identificó la gran mayoría, pero la pintura rebosa de referencias y podría haber proverbios ocultos que no llegamos a entender.
Entre los que más podemos reconocer se encuentra “Nadar a contracorriente”, “Ponerle el cascabel al gato”, “Poner palos en la rueda”, “Estar armado hasta los dientes”, “El pez grande se come al chico” y “Querer matar dos moscas de un golpe”, entre tantos otros.
Hay otros refranes a los que tenemos que ponerles una pizca de deducibilidad como “El que traga fuegos, caga chispas” refiriéndose que las malas acciones traen consecuencias peores, o “Tender la capa según sopla el viento”, que significa actuar en cada caso según convenga.
Después están los que son difíciles de entender en castellano como “Casarse bajo el palo de escoba” (vivir juntos sin estar casados), “Ponerle la capa azul al marido” (ponerle los cuernos), o “Ser capaz de atar al diablo a una almohada”, que significa hacer un culto de la obstinación.
Así, suceden más de 100 proverbios, ya que el Museo de Berlín tiene identificados 118 pero suponen que la sutileza del artista incluye algunos más.
Este “islote” de sosiego no implica olvidarnos del mundo, de la cotización del dólar, del aumento de las cosas, de las tarifas y otros tantos conflictos que nos rodean; simplemente es darle un respiro a nuestra vida, un instante de tranquilidad y de cierto humor.
Claro, ahora que lo pienso, si el pobre Pieter Bruegel viviera en la actualidad y en la Argentina, no le alcanzaría la vida para poder retratar el sinnúmero de costumbrismos que los argentinos ofrecemos. Ya me imagino cuadros con cuadernos de coimas, bolsos de dinero en conventos, arrepentidos, gatos y tantas otras realidades. Pobre, “colgaría” los pinceles y huiría despavorido buscando un túnel del tiempo que lo devuelva a tiempos más felices.

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