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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 28 de Agosto de 2018

Humano depredador

Tantas veces he postergado estos pensamientos, quizás para no verme frente a ese espejo que es la realidad, o tal vez, porque no consideraba poseer tamaña capacidad para analizar esta contexto del humanismo (si lo hay) y hacia a dónde nos proyectamos.

Si pudiese graficar con palabras el sentido de esta columna, lo haría con una imagen que ha recorrido por doquier las distintas instancias que nos da el mundo de Internet: la evolución del ser humano desde el primate hasta la actualidad y le agrego otro final que se ha viralizado, con una persona regresando y diciendo: “Volvamos, algo hemos hecho mal”.

Acá me detengo para afirmar que, es cierto, algo hemos hecho mal. Porque a lo largo de la historia del ser humano, hemos intentado mostrar por qué somos mejores que los animales “irracionales”, anteponiendo nuestra capacidad de raciocinio y nuestra evolución literaria.
Porque desde Platón hasta Nietzsche, no se refieren a educar al ser humano, sino a tratar de domesticar y amansarlo, porque de eso se trata. Y desde la antigua Roma, se definía a los bárbaros como aquellos que invadían, mataban y depredaban a los pueblos, sin tener un ápice de cultura, ni  literatura, y ni conservar museos y bibliotecas.  
Pero claro, en la misma Roma y en todo ese magnánimo imperio “humanista”, proliferaban circos en donde el poder, los gobernantes, armaban espectáculos para que la plebe, los comunes, se olvidaran de sus miserias, a través de luchas salvajes llevadas al extremo de incluir animales, o sea, iguales. Los que organizaban estas “fiestas”, eran los llamados “guardianes” del poder, los que alimentaban a la “manada de ovejas”, para luego esquilarlas sin reparo ni culpa.
Para seguir con el paralelo del “humanismo” del imperio romano, los gladiadores que triunfaban, o mejor dicho, los que “sobrevivían”, recibían una espada de madera que significaba su libertad y una cierta comodidad económica. Claro que también, como sementales que eran, eran usados para darle satisfacción a las patricias de la época.
Han pasado tantos siglos en los que uno supone que la evolución nos ha hecho mejores, que hemos crecido, que nos han “amansado o domesticado”. Pero no, estamos iguales o quizás, peor. Ahora el circo romano puede ser una cancha de fútbol o un estudio de televisión o cualquier otro espacio digitalizado, en donde verdaderos gladiadores se juegan la “vida” para triunfar, sobrevivir, recibir su “espada de madera” y su buena posición económica. Y también, las actuales patricias, ahora denominadas “botineras” o “raqueteras” o con cualquier otro eufemismo, van detrás de esos sementales para conseguir sus “favores”. O viceversa, porque todo se mezcla.
Tanto encomillado es necesario para entender que, en realidad, el ser humano no evolucionó nada, que sigue siendo un depredador de sí mismo.
Y, como en otros tiempos, seguimos creando distractores que evitan que veamos la realidad que nos circunda. Surgen, así, los mega centros comerciales que incluye todo lo que nos puede satisfacer, como cines, sitios de comida y un centro de compras para todos los gustos. Están abiertos para todos, los que van para comprar, para comer, pero también los que van para parecer iguales, para tener fresco en verano y calor en invierno.
Después aparecen los lugares para bailar con todo el colorido, el ruido y, por supuesto, el olvido de la realidad; siempre lo mismo. Porque detrás de ese fastuoso mundo, subyace otro gigantesco, de pobreza extrema y de tristeza, cuyos debilitados y paupérrimos pobladores ya ni siquiera sufren la rabia de la impotencia, sino que tan sólo cuentan con la esperanza de “sobrevivir” un día más.
Pero, debo decir, que no todos “sobrevivirán”, no todos saldrán “gladiadores triunfantes”, sólo unos pocos, los demás seguiremos siendo parte del “circo romano”. La historia sigue dando vueltas y el ciclo se repite. El humanismo ha sido derrotado por goleada por este subhumanismo lacerante que hace que nos detengamos, miremos para atrás y digamos: “Volvamos, que algo hemos hecho mal”. Esto también es cierto.



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