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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 14 de Agosto de 2018

Ada, la programadora de 1840

Era condesa pero los títulos poco le importaban. Cuando la programación y las computadoras aparecen en los primeras décadas del siglo XX, cien años antes, esta londinense fue la primera programadora a la que la tecnología de la época no la acompañó.

Hemos tenido el raro privilegio en estas columnas, de haberles dado visibilidad a varias mujeres que han hecho historia en este curso que es la humanidad. Me dirán que también hay muchos hombres y es cierto; pero saben, el sistema se encarga de recordarlos en todo momento, pero las mujeres no cuentan con ese privilegio.

Por eso, hemos escrito, hablado, recordado a la cineasta Alice Guy, a la compositora Diane Warren, a Hipatia de Alejandría, a la fotógrafa Angélica Dass, a la escritora Mary Shelley y a la periodista Nellie Bly, entre tantas otras.
Todas ellas fueron adelantadas en su tiempo y muchas veces, antes que los varones en sus respectivos rubros o especialidades. Sin embargo, la “gran” historia las suele olvidar o por lo menos no destaca como merece su aporte a la humanidad.
Es el caso de Ada Lovelace, nacida en Londres como Augusta Ada King-Noel, condesa de Lovelace. Originalmente interesada en las matemáticas, la frenología y la física, su vida profesional dio un cambio importante cuando conoció al matemático e inventor Charles Babbage. En algún momento, alguien le pidió a Ada que tradujera un documento del inventor al inglés, que era el modelo parcial de una máquina analítica desarrollado por éste.
Sin embargo, su aporte fue mucho más allá de una mera traducción. Ada se percató de algo en la máquina que se le había pasado por completo a su creador: podía programarse. Lovelace enriqueció el libro con sus propias notas entre las que se encuentra, un completo diagrama que básicamente describe el primer algoritmo de la historia y que le valió ser considerada la primera programadora incluso cuando aún no existían los lenguajes de programación ni las computadoras.
Nunca pudo ver en persona los resultados de su contribución. La máquina analítica de Babbage fue la primera computadora en términos de Alan Turing, quien fue quien sentara las bases de la computación moderna, y fue una mujer la que escribió el primer algoritmo de la historia, un programa tan avanzado que la tecnología de la época no pudo hacerlo realidad. Tenía una unidad lógica aritmética y hasta un sistema de memoria integrado. En términos generales, compartía la misma estructura lógica que las computadoras actuales.
Sin embargo, la participación de Ada era tan compleja que Babbage no logró reunir el dinero necesario para concretarla. El primer modelo completo de la máquina a partir de sus apuntes y siguiendo los mismos procesos de fabricación de la época no llegó hasta 1991 de la mano de los conservadores del Museo de la Ciencia de Londres.
El mérito de Ada Lovelace fue el darse cuenta de que la máquina analítica podía usarse para expresar entidades o símbolos con arreglo a unas normas y no sólo números. Unos 100 años después de la creación de Babbage, el ingeniero alemán Konrad Zuse completaba la Z1, la primera computadora que se puede considerar como tal. El libro con la transcripción realizada por Lovelace con sus notas, su algoritmo y su nombre en la portada acaba de subastarse por la astronómica cifra de 125.000 dólares.
Así como la sociedad condenó al genial Alan Turing (otra historia para ser contada), simplemente por ser homosexual, también la historia olvida a Ada Lovelace, como a tantas otras, meramente por ser mujer. Cuando hay muchos que sostienen que sólo hay que mirar adelante, yo me inclino por hacer uso de la sana memoria, esa que rescata valores que siempre serán ejemplo. Como el caso de Ada, que en términos teóricos, inventó el algoritmo de la computadora. La condesa, la matemática, la mujer, que fue la primera programadora en 1840.





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