El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 23 de Julio de 2018

Lo que “google” se llevó

Jamás estaría en contra de la modernidad y mucho menos de la tecnología, que tanto nos da a los que decimos hacer comunicación. Nunca haría esto, ni en la vida volvería a hacerlo. Pero hay cosas que no miramos, que fuimos perdiendo y que no se lo llevó el viento; fue este nuevo personaje.

Café entre amigos, discusión futbolera clásica y de repente surge la pregunta. ¿Quién hizo los dos goles en el suplementario con que el Tomba ascendió a primera? De los cinco que rodeaban la mesa, cuatro, sí, cuatro, tomaron sus celulares y fueron inmediatamente a Google. El otro iluso, miraba al techo como queriendo revolver en su memoria bodeguera el nombre del goleador.

Obviamente, uno de los cuatro saltó enseguida: “El Tanque Giménez”,  gritó levantando en alto el moderno smartphone como otrora hubiera hecho con la camiseta tombina, mientras los otros tres “tecnológicos” miraban desconcertados sus celulares. El quinto, el de la mirada al techo y a sus recuerdos, veía como sus esfuerzos caían resquebrajados por la “modernidad”. Bajó su mirada y se acordó del Tanque.
Esta situación se da en todas partes del mundo, no sólo en este café de Mendoza. Puede decirse que nadie puede discutir el valor de los buscadores y yo mucho menos voy a hacerlo. Pero me quedo también con el quinto integrante de la mesa de café, ese que miró al techo y a su memoria tratando de ganarle, no a la tecnología, sino a sí mismo y a sus recuerdos.
Aunque hay un impedimento por el uso de marca y otras yerbas, el director de la Real Academia Española ya manifestó la “posibilidad” de incluir la palabra “googlear” en su diccionario. Lo que otrora era zambullirse en los libros de casa o nos obligaba a ir a la biblioteca y volar por el mundo de los archivos, ahora todo se resuelve en instantes, simplemente recurriendo al celular, la tablet o la computadora.
En los veinte años que tiene de vida Google y otros buscadores, han dado respuestas a todos los interrogantes. Nosotros, los periodistas, en especial los mayores de edad, tenemos presente cómo era nuestro desafío cuando nos encargaban una nota que requería investigación. Enciclopedias, el archivo del diario, la hemeroteca de la biblioteca local, eran nuestras herramientas. También le sumábamos nuestra memoria o consultar a los “viejos” de la redacción.
Nos tomábamos otros tiempos, es cierto, pero tenía el sabor de ir descubriendo centímetro a centímetro, esa Intriga misteriosa que nos llevaba a desentramar la historia encargada. Por supuesto que ahora ese trabajo con Google se hace, casi en instantes y sin movernos de nuestra redacción, pero es una cuestión de sabores. Todo ese periodismo de horas de investigación hoy no existe, porque las urgencias son otras y no se permite tanto “desperdicio” de tiempo. Pero se perdió el toque personal.
Lo mismos podemos hablar, sobre este tema, de otras profesiones como la de los abogados, que ante una causa, debían buscar informes de leyes, libros de texto y también bajar a las bibliotecas temáticas. Ahora, los informes legales están disponibles en internet, más las leyes, todo clasificado de forma que uno abre “Google” y en 0,3 segundos (así lo marca el buscador) tiene miles de páginas sobre el tema requerido.
Millones de preguntas sobre la inmortalidad del cangrejo, si las serpientes se mueren si se muerden a sí mismas, o sobre cuál fue el goleador de un equipo en determinado partido, son respondidas al momento por este buscador. No cuestiono su eficacia y seguramente lo seguiré aprovechando al igual que infinidad de personas en el mundo.
Lo que la nostalgia hace que me detenga, es en ese quinto integrante de la mesa de café. Ese que levantó la mirada y empezó a escudriñar en sus recuerdos y que repente se vio derrotado por ese Smartphone, levantado en alto. Pienso en él y en mis horas de biblioteca, en la sorpresa de hallar en las ajadas hojas de un diario de colección, la respuesta a esa investigación. Esa belleza de trabajo que es la que Google se llevó.



Seguí leyendo en Jorge Bossio