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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 19 de Junio de 2018

Cuello de botella del cromosoma Y

Vivimos tiempos de grandes y significativos cambios. Transformaciones inducidas por una transversabilidad inusitada, que podría afirmarse como “algo nunca visto”. Un mismo objetivo trascendió religiones, sexos y, lo que uno imaginaba como algo imposible, ideologías políticas. Pero hubo un origen que se remonta en la historia y vamos a mostrarlo.

Hay un estudio histórico que recuerda que hace 7 mil años, sólo quedó un hombre cada 17 mujeres, en regiones tan amplias como África, Asia, los Andes, Oceanía y Europa. Cuidado que me refiero a los cinco continentes. Puede afirmarse que la diversidad genética y, en concreto, el cromosoma Y, se desplomó  abruptamente en esas regiones. Se lo llamó “el cuello de botella del cromosoma Y” que continuó por dos mil años.
Recordemos que el mencionado cromosoma, es el que es trasmitido por línea paterna y que esa caída tiene una particularidad que afecta sólo a los hombres. Las guerras de clanes reducían drásticamente la diversidad del cromosoma Y, con el transcurso del tiempo.
En esas épocas, los humanos se organizaban en estructuras patriarcales, en donde en lugar de ser la supervivencia del más apto, el poder y la riqueza jugaban un papel crucial en la reproducción de hombres y sus hijos varones.
En el presente, veamos qué tiene que ver todo esto con la “transversabilidad inusitada” además del “objetivo que trascendió regiones y sexos”, y otras cosas que mencionamos en el párrafo inicial. Tiene que ver y bastante, porque al igual que lo que sucedió hace miles de años, pero esta vez por su propia “inactividad o falta de actualidad”, el cromosoma Y tiende a perder fuerza. Y mucha.
Los tiempos van cambiando y muchos no se dan cuenta, ven pasar a gran velocidad los hechos y como su andar es lento, no alcanzan a percibir de qué se trata. Un día, de golpe, se encuentran en los diarios y en la vida, que se está votando en el Congreso  y en el humor de la sociedad, la legalización del aborto.
Estalla, entonces, la bomba atómica, se desgrana el espíritu de “los lentos” que no pueden digerir lo que está pasando. Se preguntan: “¿Cómo pasó? O, “¿por qué nadie nos avisó?
Atención, se sabe cómo paso y en realidad, sí se estaba anunciando desde hace decenas de años, con una cruda realidad que golpeaba a la sociedad. Hemos visto, como un efecto dominó, caer conceptos y conciencias, cambiar de parecer cerebros atacados de antigüedad y como si fuera aquel muro de Berlín de 1989, derrumbarse por el piso y quedar desparramado por siempre, una miseria que los seres humanos ignoraban o, por lo menos, en la que se hacían los distraídos.
El Cromosoma Y que portan sólo los hombres junto a uno X, ya viene muy arrugado, muy “flojito”. Por distintas circunstancias no fuimos capaces de fortalecerlo ni aun sabiéndolo.
Un estudio señala que las ratas espinosas japonesas y los ratones topo han perdido por completo sus cromosomas Y, y sostiene que los procesos de pérdida o creación de genes en ese cromosoma, conducen inevitablemente a problemas de fertilidad. Esto, a su vez, puede llevar a la formación de especies completamente nuevas.
A eso le tememos, no a desaparecer, sino a que aparezcan “especies nuevas”, realidad a la que no sabemos cómo adaptarnos. Así como en la antigüedad, los cambios sociales y de organismos entre los humanos tuvieron consecuencias en la variación genética, algo similar ocurrirá ahora, con esta revolución de no querer aceptar estas metamorfosis que vive la sociedad.
Las opciones son claras: o “nos ponemos los pantalones largos” frente a escenarios que nos avasallan, o nos quedamos “quietitos” viendo pasar el huracán de un contexto que no se detiene. Entonces, se hará realidad la letra de Charly García cuando nos anuncia que “los dinosaurios VAN a desaparecer”.





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