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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 22 de Mayo de 2018

La rebeldía de Olympe de Gouges

Reconozco que he tomado la manía de recordar o destacar a aquellas personas que nadan contra la corriente y que, de esa manera, plantean una sana y constructiva rebeldía en busca de sabios objetivos. Sostengo que este es el caso de Olympe, nacida Marie Gouze y muerta hace casi 224 años en Francia.

Para ir respondiendo de antemano a aquellos que no conocen la apasionante historia y legado de Olympe, adelanto dos o tres hechos que marcaron su existencia: fue la autora de la Declaración de los derechos de la mujer, una de las que más se opuso a la esclavitud y murió en la guillotina por haber distribuido unos panfletos. Esos tres eventos en la vida y muerte de Olympe, son sólo una parte de lo importante que fue su presencia en la vida de la Francia Revolucionaria y su proyección a todo el mundo.
Para pintarla de un mejor modo, voy a recordar una de sus arengas durante le Revolución Francesa: “Mujeres, despertad. Reconoced vuestros derechos. ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución?” Como decíamos, fue la autora de la Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana, y reafirmaba ese manifiesto sosteniendo que la mujer “nace libre y permanece igual al hombre en derechos”.
A pesar de ser pionera, su escrito no tuvo la acogida en Europa que recibió por ejemplo la ‘Vindicación de los derechos de la mujer’ de la escritora inglesa Mary Wollstonecraft. Si Olympe hablaba de independencia y emancipación, Wollstonecraft, que publicó su tratado en enero de 1792, se centró en la educación femenina.
Fue la primera en defender públicamente la abolición de la esclavitud”, evento al que sumó una obra de teatro antiesclavista, llamada “El náufrago feliz”. En un momento histórico en el que los esclavos negros eran una mercancía más en el comercio internacional, la obra causó revuelo y tuvo oposición por parte de los influyentes propietarios coloniales.
Para conocer el mundo artístico de la época, hay que tener en cuenta que de las 2.627 obras inscritas en el repertorio del Teatro Francés desde 1680, solo 76 estaban escritas por mujeres. Cuando se estrenó, críticas como “hace falta barba en el mentón para escribir una buena obra dramática” dejaban entrever el claro ambiente misógino al que se estaba enfrentando.
En su vida personal, siendo adolescente la casaron en contra de su voluntad con un hombre que le desagradaba, una experiencia que marcó un antes y un después en su vida. Tras la muerte de su primer marido, rechazó volver a desposarse porque “tenía claro que no sacrificaría su libertad ni viviría en un domicilio conyugal ni entraría en un convento”.
Entre varios de sus alegatos, la escritora exigió el derecho al divorcio, como resultado de la experiencia del matrimonio infeliz que había vivido. En una petición a la Asamblea Nacional, recogió un decreto por el que las mujeres deberían disfrutar de los mismos derechos que el hombre en el matrimonio, podrían aspirar a cargos de magistratura y tener “voto consultativo y deliberante”.
Vivió intensamente y nunca midió las consecuencias, porque esa es la vida y el móvil de los que “nadan contra la corriente”.  Sus escritos le granjearon numerosos enemigos porque no se detuvo a la hora de arremeter contra todo el mundo en defensa de la patria. Entre ellos, propuso una serie de impuestos sobre los artículos de lujo que afectaban directamente a los más ricos y se atrevió a criticar duramente la dictadura de Robespierre. Juzgada ante el Tribunal Revolucionario, fue decapitada un 3 de noviembre de 1793, unas semanas más tarde que María Antonieta.
Rebelde, notoriamente enfrentada con la época, Olympe Gouges despejó el camino para que otras mujeres hicieran su aporte a la igualdad de género. Esto no pretende ser un homenaje, sino un ejemplo para que cuando, defendiendo ideales o perspectivas, surgen obstáculos en apariencia insalvables. Pensemos en Olympe y no midamos las consecuencias. Es cuestión de verdadera convicción.


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