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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 30 de Abril de 2018

Las paradojas del agua

He escrito varias veces sobre el tema del agua y de su importancia para la vida. Cuando digo vida, no sólo me refiero al ser humano, con ese egocentrismo que lo caracteriza, sino, lo más importante, para el sustento del planeta. Pero qué consideraciones he descubierto con América Latina.

El ensayo del gran Eduardo Galeano sobre “Las venas abiertas de América Latina” argumenta con crónicas y narraciones el constante saqueo de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX, y los Estados imperialistas, el Reino Unido y los Estados Unidos principalmente, desde el siglo XIX en adelante.
Pero hay otro aspecto para resaltar de ese atraco que se comete con nuestro continente latino, que a veces se hace muy evidente y otras toma diversos disfraces cómo si el latrocinio viniese de nuestras mismas entrañas. Uno de esos temas es el agua. Es ahí donde se manifiestan las paradojas del título, esas que duelen y sorprenden, ambas por partes iguales.
Todos recordamos la sequía de las regiones centrales de Chile entre 2010 y 2015, las más severa en mil años. Los camiones aljibe eran el oasis que calmaban su sed, como lo son aún y con frecuencia, para más de 150.000 habitantes de Copiapó. La empresa que les surte de agua potable, ha declarado que en los próximos años se quedará sin abastecimiento. Y aparecen los números que preocupan pero que no se difunden como corresponden.
Más de 50 millones de personas en América Latina y el Caribe no tienen acceso al agua. Cerca de 200 millones de habitantes reciben un servicio discontinuo, por lo que no tienen garantizado su derecho al agua. Pese a ser la región con más oferta hídrica del mundo por habitante y albergar una tercera parte del 2,5% total de agua dulce existente en el planeta, la sequía sigue perfilando un árido futuro.
Pese a que la red de saneamiento se ha ampliado en la región, todavía hoy 107 millones de personas dependen de sistemas de eliminación in situ, como las letrinas o fosas sépticas. Una realidad que agrava el complejo problema de las aguas residuales en América Latina. Pero no es la única responsable. Estos vertidos también han aumentado en las sobrepobladas ciudades. Pese a que la ONU ha constatado una mayor inversión en el tratamiento de estas aguas a nivel regional, la contaminación no se ha contenido. Los grandes ríos están siendo utilizados como basureros.
Los problemas hídricos son conductores de otros males. América Latina anualmente reporta 150.000 muertes por enfermedades relacionadas con el agua, el 85% de niños y niñas menores de 5 años. El racionamiento del suministro y la dependencia del agua embotellada o de camiones aljibe amenazan la soberanía alimentaria de los pueblos, mientras que el deterioro de las fuentes naturales de agua está generando desplazamientos ambientales forzosos.
Pese a que el agua dulce y apta para el consumo humano a nivel mundial es un recurso limitado, su demanda aumenta a la par que sus desafíos. En las últimas décadas, las actividades extractivistas, el monocultivo forestal y de alimentos o la ganadería han hecho que muchos países de la región se sumen a la lista de la escasez hídrica y sufran sus consecuencias.
Una paradoja aparece como algo contrario a la lógica o que aparentemente supone una contradicción. Claro que con estos ejemplos, la palabra “aparentemente” desaparece y la “lógica” se sume en el mar de las utopías.
Somos el subcontinente que posee el acuífero más importante de  la Tierra, que podría “alimentar” de agua a toda la humanidad durante 200años. Sin embargo, América Latina está plagada de muchos “sin embargos” convertidos en paradojas que nos hacen doler. Porque no podemos sólo responsabilizar por lo que hacen los otros, sino por lo que nosotros dejamos hacer. Porque esa es la otra paradoja que se diluye… como el agua.






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