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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 17 de Abril de 2018

El silencio es salud

En esta sociedad fulgurante, enfrentarse al silencio no es fácil y, por lo tanto, encontrarlo, tampoco. Casi toda la gente evita y esquiva las pausas, y se sumerge, presos de ansiedad, en los brazos del ruido: el acústico, el visual y el mental. Debemos tomar conciencia del mutismo para construirlo.

Martes, 17 de Abril de 2018

Cuando hablamos de la sociedad moderna, podemos afirmar, sin dudar, que todos estamos huyendo constantemente del silencio, haciendo cierta aquella reflexión que, a lo que en realidad le escapamos, es a nosotros mismos. Todo lo tapamos con ruido y parece que existimos a través de él. Nos rodeamos constantemente de bullicio, que nos llega por distintos canales y siempre estamos ocupados buscando algo por hacer.

Con la música a todo volumen o el televisor sin límite, también nos queda el gran recurso de estos tiempos, nuestro celular, ese trasto que nos promete mantenernos alejados del vacío, todo para no enfrentarnos al vértigo de la ausencia de sonido. Tenemos miedo al silencio.

Afirman que el ruido que generan las redes sociales, hace que la gente se sienta más sola, más inquieta, más frustrada. Pero podemos historiar esa necesidad de convivir con el ruido o, lo que es lo mismo, de escaparnos de la mudez. En el siglo XVII, Pascal sostenía que “cuanto de malo sucede a los hombres procede de una única cosa, a saber, no ser capaces de quedarse quietos en una habitación”.

Comencemos por reconocer que el caos es el orden natural del cerebro y sólo a través del silencio uno puede serenarlo, controlarlo. Pero hacemos lo contrario, necesitamos del griterío, de la bulla, del escándalo o sea de distracciones permanentes. No hay más que ver las redes sociales que hacen que la gente se sienta más sola, más inquieta, más frustrada, que piense que su vida es triste. Y todo ello está basado en esa necesidad de ruido.

Veamos qué nos pasa cuando por un tiempo, no necesariamente muy extenso, se nos apaga el celular, se queda sin batería o sin wi fi. ¿No solemos experimentar, en esos casos, miedo y ansiedad, cuando nos desconectamos de nuestras redes? Convengamos, entonces, que ese modo vertiginoso de vida es nuestra gran ficción de estar conectados y es una manera insoslayable de ocultar nuestra soledad.

Cuando hablamos de las redes sociales, nos empapamos de la palabra “amigos”, cuando en realidad la palabra amistad no es otra cosa que contar con la intimidad del otro. Pero no, saltamos de un mensaje a otro y vivimos en una total dispersión.

Para frenar esto necesitamos silencio, ese poderoso instrumento que ayuda a detener el caos que produce nuestro cerebro. Eso nos cambia, nos transforma, sirve para serenar la mente e incluso para ser creativos. Mark Juncosa, el cerebro que está atrás del proyecto Space X del millonario Elon Musk, confiesa que sólo se desconecta del ruido del mundo, cuando hace ejercicio, surf, cuando está en el inodoro o en la ducha. “Ahí me aparecen las mejores soluciones”.

Ante la proliferación de agresiones externas a las que el ciudadano hiperconectado se ve expuesto, el silencio, tan a menudo retratado como incómodo, aparece como un fenómeno dotado de propiedades calmantes, sanadoras, incluso como algo, simplemente, fascinante.

Debo confesar que el silencio me permite descender, prestar atención, me da cierta distancia con respecto a los imperativos de la mente y aunque sea sólo por pocos minutos, me ayuda a ver las cosas con otra perspectiva. Porque cuando la vorágine nos arrastra a la obligación de ser productivos, terminamos no siendo tan creativos y nos dedicamos a perseguir objetivos que no son ni esenciales ni fructíferos.

En tiempos en que se nos olvida el valor del silencio debemos encontrarlo en cualquier momento, en cualquier lugar y sólo es cuestión de aprovecharlo cuando aparece delante de nosotros. Es tener una isla dentro nuestro, porque esa necesidad de lo callado, nos ayuda a construirlo. El silencio siempre es salud.