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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 19 de Marzo de 2018

Un matrimonio sin hombre

Es una de esas historias donde uno desea que tenga final abierto, que cada uno, de acuerdo a su creencia, le invente el desenlace que le parezca. Porque tuvo un comienzo inédito en la España de principios del siglo XX y una conclusión desconocida en estas tierras argentinas.

Lunes, 19 de Marzo de 2018

Las dos eran amigas y maestras, profesión extraña en mujeres para los 1900. Pero Marcela y Elisa eran especiales por ser lesbianas, en una época absolutamente patriarcal y en una sociedad catolizada al máximo.

Ellas decidieron ir por todo, superar barreras inimaginables y romper paradigmas absolutos. Se casaron en España… y por iglesia. Claro que cuando llegaron ante el párroco, Marcela era Marcela y Elisa era Mario. Por supuesto que Mario llegó vestido de hombre y con bigote, y así se convirtieron en 1901, en el primer matrimonio gay de España.

En ese momento, Marcela y Mario, un treintañero de pelo corto, a los ojos del párroco, de los padrinos y los testigos, era una “pareja admisible” para ese 8 de junio de 1901. Las amigas, maestras y novias, finalmente se casaron, engañando a una sociedad y a la iglesia.

Pero en este caso, la historia no terminó bien, porque utilizando un españolismo recurrente, las “pillaron”. Fue entonces que, a partir de ese descubrimiento, fueron perseguidas, humilladas y ridiculizadas en su pueblo, Dumbria, de poco más de 5.000 habitantes, y también menospreciadas por la prensa gallega y madrileña.

"Un matrimonio sin hombre", tituló La Voz de Galicia en un artículo en el que se descubría la verdadera naturaleza del matrimonio. Esto desató el escándalo y también la indignación. Les negaban los trabajos y recibían desprecios constantes por su condición sexual. "Las linchaban en la puerta de su casa y querían hacerle pagar su osadía", cuenta la prensa de entonces.

Porque la historia de Marcela y Elisa no es solo la historia de un matrimonio insólito para la época. Abarca muchas otras luchas y reivindicaciones que van desde el feminismo, el travestismo o el hermafroditismo. Cuando se descubrió todo, Elisa negó que fuese Mario y aseguró ser hermafrodita.

Pero tras someterse a examen médico se confirmó que, en efecto, Elisa era una mujer y no hermafrodita como ella aseguraba. Y el clero hizo presión para que se anulara el matrimonio. Pero esa acta de nulidad nunca se llegó a firmar.

Desterradas de su pueblo, acabaron en Portugal, a pesar de que pesaba tras ellas una orden de búsqueda y captura. Fueron incluso enjuiciadas: las acusaban de "falsedad documental" y en total estuvieron 13 días en prisión. Pero un grupo de mujeres feministas de Oporto exigieron su liberación e incluso recaudaron dinero en solidaridad con ellas.

Más allá de los hombres, tampoco lograron vivir en paz en Portugal, y acabaron en Argentina malviviendo como criadas. El dinero no daba para las dos y así fue que decidieron que Elisa se casara con Christian Jensen, un danés que regentaba un negocio local, y tratar así de heredar algo cuando este falleciera. Pero ni eso les dio resultado; un día el hombre empezó a desconfiar de Marcela (que se hacía pasar por la hermana Elisa) y lo descubrió todo. También la prensa argentina se hizo eco de la noticia.

Es ahí donde se abre el final, porque algunos cuentan que Elisa murió de cáncer en Buenos Aires en 1940 y otros dejan el final más abierto, porque se les pudo haber perdido la pista y pudieron vivir, por fin, tranquilas. Lo cierto es que hoy una calle en La Coruña las recuerda.

¡Mujeres! En tiempo de lucha por los derechos que les corresponden, creo que sería bueno recordar y alabar a Elisa y Marcela que pelearon contra vientos más poderosos que los que les toca a ustedes ahora. Deben reivindicar esa historia que abrió esas puertas que nunca más deben cerrarse. Y celebrar ese “Matrimonio sin hombre”, ocurrido en la lejana España, allá por 1901.