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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 5 de Marzo de 2018

El crimen perfecto

Dicen los investigadores que el crimen perfecto es aquel cuyo autor no puede ser identificado o que, disimulado entre muchos, pasa inadvertido y escapa sonriente. Quizás éste sea el caso que nos ocupa. Un asesinato cuyos autores cabales no son identificados pero que siguen cometiéndolo.

Lunes, 5 de Marzo de 2018

Para disipar dudas, o no dejar avanzar el pensamiento del lector en historias sangrientas, voy a anticipar que el asesinado o la víctima no es un ser humano o un animal: en este caso es el idioma. Sí, nuestro idioma, ese ibérico nacido en el Reino de Castilla y que comanda el habla de los parlantes desde México hasta nuestra Patagonia. Ese cuerpo que nos da verba, está siendo asesinado y conocemos al asesino.

Este criminal suele tener varios nombres: se lo conoce como modernidad, o como tecnología y en principio, suele disfrazarse de teléfono celular, o una tablet y en el futuro conseguirá nuevos ropajes de similares características.

Pero no es un crimen de un solo golpe, de un tiro en la sien o por una violenta descarga eléctrica. Es un asesinato de a poco, despacio, tomándose el tiempo, casi como una tortura que ni el más sádico interrogador de la CIA, podría igualar. Este delincuente va desarrollando una estrategia cruel y planificada.

Primero comenzó haciendo desaparecer la apertura del signo de pregunta. Ese fue el comienzo y me detendré en él, para comprender los alcances de la maniobra del homicida. Para muchos de los que usan los celulares, poner el signo de interrogación al comienzo de la oración inquisidora, les pareció un estorbo. Y ahí empezó todo. En una pantalla pequeña,  plantear incógnitas cotidianas (¿Cuándo llegas? ¿Has comprado pan? ¿Me quieres?), era una incomodidad teclear algo más.

Puede que el desprecio o el desinterés por el “¿” sea el anuncio de nuevos tiempos. Podría ser la prueba de que en el nuevo mundo, los programadores y los ingenieros que diseñan los teclados tienen más poder sobre la lengua que los lingüistas.

Pero no es el único caso, porque otro signo que tiende a seguir los pasos de su “primo”, es el de exclamación, porque para dar énfasis, ya no se utiliza “¡Impresionante!”, sino que grácilmente usamos el “Impresionante!!!”, dándole fin a esa otra tecla del comienzo de la admiración.

Pero la modernidad, no detiene su paso en su afán de matar al idioma. Ahora usa las teclas, no para su original fin, sino para crear expresiones humanas que antes requería de frases en prosa o poesía. Ya no se dice sonrío, estoy enojado, o te guiño el ojo o tantos otros. Solamente basta poner estos “inventos”: ((: :( :3 ;) >.< 8) B) :‘(). Las teclas quedan mareadas, porque no entienden nada. Tengo la sensación que pronto vendrán así, como si fueran ideogramas de los chinos o japoneses, con lo cual no sólo morirá un idioma, sino que tendremos que parir (y aprender) otro.

Si voy al plano personal, le mando a mi mujer un mensaje de texto o WhatsApp y me contesta con unos “alliens” en forma de caritas, y me paso varios minutos tratando de descifrar qué dicen o lo peor, qué “sienten”.

Empecemos a extrañar a las teclas antes que desaparezcan. Ya perderemos de vista la pícara “A” que muchas veces nos bloquea las mayúsculas, a las tramposas “B” y “V”, que por su cercanía nos hacen cometer errores de ortografía y a todas las demás como las conocemos. Sólo sobreviviría la “X” por su utilidad a los que quieren simplificar el uso del género, ya que reemplaza simultáneamente a la “A” y a la “O”.

El crimen se está cometiendo y seguramente mi amigo Jorge Sosa, sabrá sacarle provecho a una profunda investigación para desenmascarar al homicida, contando con la colaboración del inspector “Bobín” que lo acompaña todas las mañanas desentrañando actos delincuenciales en Radio Jornada. Sea como sea, ese idioma que nació con el latín vulgar del imperio romano allá por el siglo V, está desapareciendo. Y en su estertor final dirá trémulo de dolor “Xq me mataste?”.