El diario gratuito de Mendoza

de de

Mendoza

Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 19 de Febrero de 2018

Metrosexuales eran los de antes

Son épocas en donde los hombres se han dedicado sobremanera a cuidar su aspecto. No sólo desde la vestimenta, sino en cuestiones que se consideraban como femeninas, como el uso de tacones, maquillaje y hasta polleras o vestidos. Pero en realidad, no es novedad, porque la historia muestra antecedentes de muchos siglos atrás.

Lunes, 19 de Febrero de 2018

En pleno siglo XXI, en cualquiera pasarela de moda del mundo, se pueden ver que los hombres desfilan con polleras, tacos altos y lo último de la moda del maquillaje. Pero eso ya no pasa en esa vidriera de la moda, sino que hombres declaradamente heterosexuales como David Beckham, Ben Affleck y Justin Timerlake, entre tantos, pasan por la vida exhibiendo artículos históricamente considerados de uso de las mujeres.

Pero la historia muestra que las faldas, tacones, pelucas y maquillaje originalmente fueron de uso masculino y vamos a los ejemplos. En el siglo X, los jinetes persas llevaban tacones para mantener las botas en los estribos con más facilidad.

En el siglo XVII, la moda de los tacones llegó a los aristócratas europeos, donde se convirtió en símbolo de virilidad y poder militar. Durante el reinado de Luis XIV cuanto más altos y más rojos eran los tacones, más poderoso era quien los llevaba. El rey sólo permitía los tacones de este color a las personas más cercanas. Con la Revolución Francesa desaparece el tacón para hombres, ya que se asociaba a la aristocracia.

Otros especialistas recuerdan que desde el antiguo Egipto hay pelucas, maquillaje, faldas, túnicas y también ha pasado con colores: el rosa no siempre fue un tono femenino y el azul no siempre se identificó con lo masculino. Las faldas también eran habituales en otras épocas: egipcios, griegos, romanos y aztecas llevaban túnicas, togas y faldas, al ser fáciles de fabricar y de llevar. Los pantalones se usaban sobre todo para montar a caballo.

Durante los siglos XVII y XVIII y, sobre todo, durante el Rococó francés, la indumentaria fue especialmente vistosa y decorada. Para ambos sexos, pero sobre todo para las clases acomodadas. El escritor británico Tobias Smollet, escribía que en París, un inglés que quisiera parecer respetable tenía que sufrir una “metamorfosis total”, y lucir grandes pelucas y trajes de seda con bordados, en lugar de las prendas de lana y franela que se llevaban en Inglaterra.

En cuanto al maquillaje, en el antiguo Egipto se usaba el kohl en ojos y párpados, además de maquillaje de ocre rojo para labios y mejillas; en el siglo I d.C. los hombres romanos también se aplicaban pigmento rojo a las mejillas, y en la Francia de los siglos XVII y XVIII se puso de moda no solo el maquillaje, sino también los lunares postizos. Luis XIII ya había popularizado las pelucas, tras quedarse calvo cuando tenía veinte años. Además, cubrían la tiña, los piojos y la suciedad. Se empezaron a empolvar en el siglo siguiente, el XVIII.

En el otro extremo, las mujeres no han tenido inconveniente en adoptar prendas masculinas, como en el caso del pantalón. Se ha asociado al hombre con el poder en todos los ámbitos, por lo que cuando una mujer adoptaba estas prendas se entendía como un mensaje de empoderamiento positivo. En cambio, si un hombre adoptase ciertos colores o materiales que aún se asocian a lo frágil, a lo que necesita protección, muchos lo seguirían interpretando como un mensaje de debilidad.

Para resumir, los metrosexuales son novedad pero tienen una rica historia que data de muchos siglos atrás. Que los hombres caminen  por la vida con un rutilante maquillaje, tacones y hasta falda, no es una originalidad. A lo sumo es copiar una moda que tiene ejemplos que vienen de los tiempos. Lo bueno es recordar que no hay que estereotipar a los hombres y mujeres por la ropa que usan, sino por la actitud que tienen ante la vida. Porque al fin y al cabo, en eso también debe primar la equidad. De gustos y de oportunidades.

Seguí leyendo en Jorge Bossio