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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Miercoles, 14 de Febrero de 2018

Combatiendo las noticias falsas

os expertos identifican que vivimos en un mundo con más contaminación informativa y priorizamos las emociones por delante de los hechos.

Miercoles, 14 de Febrero de 2018

Las previsiones estipulan que dentro de cuatro años el público occidental consumirá más noticias falsas que verdaderas. Por tal razón, Europa se ha puesto al frente de la lucha contra esta situación. Claro que, ante las medidas a tomar, se abre una gran polémica.

La información de la consultora Garner, especializada en tecnología informática, sostiene que en 2017 el uso de las llamadas “fake news” (noticias falsas) creció un 365%. Los expertos identifican que vivimos en un mundo con más contaminación informativa y priorizamos las emociones por delante de los hechos.

Ante este panorama de infoxicación (intoxicación informativa) la Comisión Europea (CE) ha tomado cartas sobre el asunto con el fin de luchar contra las noticias falsas mediante la creación de un grupo de expertos de alto nivel que ofrecerá opciones para combatir esta amenaza.

El grupo cuenta con más de 40 profesionales que incluyen representantes de redes sociales, medios de comunicación, la sociedad civil o el mundo periodístico y académico. También forman parte del grupo responsables de empresas tecnológicas como Google, Facebook o Twitter, de organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, medios de comunicación como SkyNews o EurActiv, universidades e institutos de periodismo de la Sorbona, Oxford, Liubliana o Riga y editores de empresas de información y entretenimiento como Bertelsmann o Mediaset.

El grupo tendrá como principal objetivo suministrar a la CE “opciones y elementos de reflexión sobre todas las cuestiones ligadas a las noticias falsas en los medios tradicionales y sociales, y sobre la manera de hacer frente a sus consecuencias políticas y sociales”.

Pero la principal tarea y ahí es donde empezará la polémica, es buscar una definición de lo que es “falsa información”, cuáles serían los contenidos ilegales que además se ajusten a las leyes europeas.

Los europeos ponen como ejemplo, la realidad de las citas electorales como el referéndum del Brexit de 2016 en el Reino Unido o las elecciones presidenciales francesas de 2017 en las que el socioliberal Emmanuel Macron derrotó a la euroescéptica Marine Le Pen, entre otros.

Comienzan a surgir, entonces, frases como “efectos perturbadores para la sociedad” o “equilibrio entre libertad de información y el derecho a recibirla” y darle a este problema “una solución multidimensional”.

Sabemos que en nuestra historia, muchos se han arrogado el derecho (“divino”) de establecer pautas de la circulación de información, de calificación de películas, o de cualquier otra regla que en su momento “atentaba contra las normas de urbanidad”, siendo éste la más benignas de las explicaciones que recibíamos.

No voy a descreer de la “probidad” de los soberbios 40 profesionales europeos que se encargarán de determinar cuáles son las informaciones falsas y cuáles no, pero siempre aparecerá en ese horizonte la pregunta de quién y con qué criterio tendrá la posibilidad de fijar las pautas.

Porque siempre surge la subjetividad y especialmente en algo tan delicado como la libertad de expresión, y es grande la tentación de establecer tendencias que consciente o inconscientemente puedan servir a determinados propósitos.

Por supuesto que sabemos que las redes sociales o por lo menos tres o cuatro de ellas, se aprovechan para difundir calumnias o tergiversaciones, pero ¿cómo sabemos cuál es cuál? En Europa admiten que los ciudadanos son libres de “creer o no creer una información”, pero resaltan la importancia de “elaborar mecanismos que identifiquen y limiten su circulación” de este tipo de noticias, así como “favorecer la transparencia y la credibilidad de las fuentes de información”.

Porque acá, en la Argentina, los memoriosos que tiene algo de edad, recuerdan que hubo otro Tato, que no fue el gigante de los monólogos, sino Miguel Paulino, el que impuso la historia negra de las tijeras y se transformó en el Padre Nuestro de nuestra moralidad. Alguien lo nombró y le dio esas facultades. ¿Se evitará en Europa esta situación?