Mendoza,

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Jorge Bossio

El Arca de Noé de las plantas

Esta es una muestra de la poca fe que le tenemos al ser humano y a sus acciones en contra de la Tierra y la naturaleza. Por eso hubo que construir la llamada Bóveda del Fin del Mundo para preservar, aunque sea una parte de lo que la humanidad requiere para sobrevivir.

5/2/2018

Es popularmente conocida como la Bóveda del Fin del Mundo y oficialmente llamada la Cámara Global de Semillas de Svalbard y se encuentra oculta a unos 120 metros de profundidad, ubicada más concretamente en una montaña del archipiélago noruego del mismo nombre, en el Ártico.

Dicha cámara es acorazada y está preparada para resistir explosiones nucleares, erupciones volcánicas, terremotos y otros desastres, tanto naturales como humanos. Se construyó para conservar en su interior 860.000 muestras de más de 4.000 especies de semillas de 231 países.

Conocidas las acciones de la sociedad contra la naturaleza y contra sí misma, es que el gobierno de Noruega llevó adelante esta iniciativa junto con el Global Crop Diversity Trust, un grupo en el que varios países y entidades privadas participan, entre ellas la Fundación Bill y Melinda Gates.

Se creó en 2008 y actualmente este gigantesco banco de semillas ha recibido más de 20.000 variedades nuevas de semillas de un centenar de países del todo el mundo. El último participante que se ha sumado a esta causa es el gobierno de Japón, que proporcionó muestras de cebada.

Lo que se pretende con esto es servir de posible alacena y granero para toda la humanidad, en el caso de que las plantaciones destinadas a la alimentación existentes en el planeta quedaran totalmente destrozadas por una catástrofe, ya sean causadas por el hombre como por ejemplo una guerra nuclear, o bien causadas de forma natural como puede ser un terremoto o una epidemia agrícola.

Su instalación, defendida por puertas herméticas y detectores de movimiento, se encuentra dividida en 3 almacenes, donde mantienen las semillas a unos 18 grados bajo cero en cajas de aluminio. Con esto consiguen garantizar el estado de conservación de todas las semillas durante siglos, las cuales seguirán congeladas incluso en el caso de un corte de energía.

La primera apertura que vio la Bóveda del Fin del Mundo fue en 2015 y claro, por efecto de un desastre producido por el hombre, como fue el caso de la guerra civil de Siria, que motivó la entrega de 160 mil semillas cuya producción había sido dañada a causa del conflicto (matando en aquel momento a 250.000 personas y haciendo a más de 11 millones a huir de sus hogares).

Pero el accionar del ser humano está poniendo en riesgo, incluso, a la misma Bóveda, porque el deshielo del Ártico produjo filtraciones en los túneles que contienen las semillas, obligando a medidas de precaución para no perder tan incalculable tesoro.

Parece paradójico, pero es la triste realidad que por un lado, generamos contaminación, nos matamos entre nosotros, destruimos el medio ambiente y agredimos al resto de los seres con nuestras acciones, y por otro, nos aseguramos de sobrevivir en caso de catástrofes.

Pero no es paradójico, es sólo consecuencia de esas maquinaciones que venimos realizando irresponsablemente contra la naturaleza. Porque además somos ciegos que no vemos que la escupida hacia arriba, tarde o temprano caerá sobre nosotros. Porque entonces, no alcanzará cuanta reserva hagamos de semillas o de animales para reponer lo que destruimos.

Hasta seguramente a alguno se le ocurra hacer un reservorio de personas, pero ni eso nos detendrá. Seguiremos siendo omnipotentes y no detendremos nuestra “gesta” de querer hacer lo que queramos. Porque hay una Arca de Noé de las Plantas, pero sería imposible construir una para estúpidos, porque debería tener el tamaño de la Tierra misma.

 

 

 

 

 

 

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