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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 29 de Enero de 2018

Edison, en lo profundo del tiempo

Todos saben que tengo predilección por rescatar hechos históricos que además cuentan con particularidades que los hacen atractivos. Este es el caso de este gran inventor y una faceta suya poco conocida: el de escritor de novelas.

Lunes, 29 de Enero de 2018

Thomas Alva Edison fue, junto a Nicola Tesla, uno de los grandes genios de la ciencia en el siglo XIX y artífice de algunos avances técnicos de importancia irrefutable, con más de mil patentes a su nombre, como la cámara de cine, el fonógrafo o baterías eléctricas.

Sin embargo, hay un espacio de su vida poco conocido en donde puso en juego sus conocimientos de inventor y los volcó en lo que se llama literatura de anticipación. Fue en 1890 cuando empezó a trabajar en una novela de ciencia ficción a la que, en principio, llamó “Progreso” y que fue desarrollando entre invención e invención, en sus ratos libres.

Pero esa inclinación por la literatura no fue del todo efectiva ya que dejó sólo la parte teórica, o sea volcar en papel sus ideas de futuro y no terminó de darle forma definitiva. En 1896, el inventor había abandonado la escritura, pero uno de sus colaboradores, George Parsons Lathrop, recogió todo el trabajo de Edison para darle forma y terminar el libro, cuyo nuevo nombre sería “In the deep of time” (En lo profundo del tiempo).

Lathrop era un reconocido autor en su época, sobre todo por su trabajo dentro de la poesía, la narrativa y el teatro, que había trabajado con Edison en una interesante propuesta para escribir sus memorias. Lo entrevistó para varias revistas, entre ellas la prestigiosa Harper, contribuyendo a la percepción de que Edison era el inventor con mayúsculas.

Hay que tener en cuenta que en aquellos años la anticipación estaba en manos de pioneros como Julio Verne o H. G. Wells, que habían logrado un gran éxito con sus novelas. Tanto Edison como Lathrop pensaron que la combinación de un gran talento narrativo con la inventiva científica, además de su gran fama, era algo superador de aquellos escritores de ciencia ficción.

Al final la novela se quedó en novela corta, y Lathrop la publicó de manera seriada en algunos diarios y revistas, tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, firmada por ambos. La gente se preguntó qué parte había escrito cada uno, algo que se puede comprobar hoy en día gracias al archivo de Thomas Edison.

Como una especie de síntesis del argumento, “In the deep of time” trata acerca de un joven llamado Gerald Bemis, que accede a participar en un experimento muy arriesgado. Unos científicos le inyectan una misteriosa sustancia y luego lo sellan dentro de un cilindro hermético. Tres siglos más tarde, en el año 2200, logran despertarlo en una perfecta condición física.

Es ahí cuando se muestra, a través de sus ojos, la visión del futuro de Edison, que incluía naves espaciales que podían viajar 100.000 millas en un segundo tras abandonar la atmósfera de la Tierra, llegando a Marte en 8 horas, donde se había descubierto una civilización.

En la Tierra la gente viajaba en naves aéreas, triciclos eléctricos y carros con baterías que se podían recargar en cualquier hotel. También hace comentarios sobre medicina, anticipando tal vez una terapia genética, y se mete en el tema de la energía hablando de aprovechar la fuerza del Sol. En cuanto a alimentación, comenta la aparición de productos vegetales que parecen carne.

Finalmente, la novela no tuvo mucho éxito y en realidad nunca apareció en formato de libro, sino que llegó al público en forma seriada en revistas de la época, perdiéndose en el olvido.

Por eso quise rescatar de ese aparente olvido, esa capacidad de anticipación que tenía el inventor, aunque como literato no haya tenido trascendencia. Autos voladores o eléctricos y otros tantos avances de la ciencia, ya no son ciencia ficción sino realidades que nos rodean. Edison, hace casi 130 años, tomaba la delantera y los imaginaba.