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Jorge Bossio

Humanae

Una fotógrafa brasilera desarrolló un trabajo que intenta destruir los códigos de los colores asociados a la raza, proponiendo reflexiones sobre la igualdad. Demuestra, de esta manera, que ni los blancos son blancos ni los negros son negros.

22/1/2018

Angélica Dass es fotógrafa y ella misma proviene de una familia con sangre indígena, africana y portuguesa. Mediante miles de retratos de personas nacidas en diferentes geografías, climas y latitudes, pretende demostrar que ni los blancos son realmente blancos ni los negros son realmente negros, más bien serían de alguna tonalidad de marrón. A ese proyecto lo llamó Humanae.

Cuenta que hace retratos con un fondo blanco y usa un punto de 11 pixeles de la piel de la nariz y coloca ese color en el fondo de la foto. “Después busco el equivalente en el catálogo Pantone y compruebo que ningunas de esas personas eran realmente del color que la sociedad le endilga.

Quizás su mayor hito hasta la actualidad ha sido ser escogida como artista invitada y conseguir llenar con las fotos de Humanae la fachada del edificio en el que se celebró el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de 2017. «Todos los líderes mundiales que participaron de este encuentro anual tuvieron que pasar y mirar los retratos de Humanae», señala esta fotógrafa.

Sin embargo, las aplicaciones de Humanae han superado el mero campo artístico. Hasta la fecha sus fotos han sido utilizadas por equipos multidisciplinarios que les han dado usos muy distintos. Investigadores de las áreas de antropología, neurociencia y física han recurrido a este proyecto para llevar a cabo estudios concretos.

Un grupo de neurocientíficos franceses, por ejemplo, ha usado su obra para hacer tests de memoria. Humanae ha sido empleado para hacer experimentos con enfermos de Alzheimer que habían perdido parcialmente la memoria. Los científicos escanearon el cerebro de los pacientes mientras miraban los retratos de Humanae para estudiar qué parte se activa al ver las imágenes. El objetivo era descubrir de qué forma el cerebro reconoce los rostros

Pero también tiene importancia desde el punto de vista didáctico. Profesores tanto de escuelas humildes en países en vía de desarrollo como de institutos reconocidos de varios países europeos, han recurrido al enorme catálogo humano creado por Angélica Dass a lo largo de cinco años para educar en valores.

«Diferentes profesoras en distintas partes del mundo empezaron a usar Humanae en clase para hablar de igualdad», cuenta. Gracias a este ejercicio, niños y adolescentes aprenden a verse con otros ojos y a situarse de otra forma en el mundo en el que viven.

Angélica ha recibido cartas de madres adoptivas que cuentan lo importante que ha sido Humanae para que los niños aprendan a pensar en igualdad. Cuestiona por qué el lápiz llamado color carne es rosa, cuando las pieles tienen una tendencia al marrón, al caramelo o al beige.

Que los niños entiendan que el chico que está sentado a su lado no es diferente sólo porque tiene otro color de piel, es una enorme recompensa para este proyecto. Porque suponemos que han pasados dos siglos desde que en distintos lugares se aprobó el fin de la esclavitud, pero siempre encontramos otras formas de sumisión, como es el caso de la discriminación o el racismo.

Qué papelón pasarían aquellos que con soberbia tachan a otros de “negro”, “amarillo” o “rojo”, al saber cuál es el verdadero color de su piel, que sólo difiere unos puntos del Pantone de la que llaman “blanca”.

Aunque suene como utopía, saber que las pieles difieren sólo de breves tonalidades, y que ninguna de ellas otorga superioridad alguna, sería una buena noticia para la humanidad. Claro que no sería un buen dato para los escasos de personalidad, los nulos de entendimiento y los pobres mediocres. Pero es un problema de ellos, “que se las vean negras” o mejor dicho, de un marrón subido, de acuerdo al catálogo Pantone.

 

 

 

 

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