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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 16 de Enero de 2018

Las Patricias de Montecomán

La historia de los mendocinos habla de la actuación de las patricias en la epopeya del general San Martín y no sólo de las que hicieron la bandera para el Cruce de los Andes, sino las ignotas que colaboraron con los pertrechos textiles del ejército. En nuestra época, rescatamos estas otras patricias del sur mendocino.

Para dar contexto a esta columna, recuerdo que en casi 15 días se incendiaron 150 mil hectáreas en la zona de General Alvear y San Rafael. Día y noche, cientos de brigadistas, guardaparques, bomberos y gente del lugar lucharon denodadamente para controlar el siniestro. Me cuentan que de cada 24 dormían tres horas o dormitaban cuando en una camioneta los trasladaban de un incendio a otro. “Dormíamos en cuotas”, decían con una sonrisa.

Pero cada tres días, a los luchadores del fuego los llevaban a un refugio o albergue, donde podían dormir toda la noche y al día siguiente, luego del desayuno y el almuerzo, volvían al frente. Relatan que cuando bajaron por primera vez, encontraron muchas mujeres que ya les habían preparado la cena y al día siguiente el desayuno y el almuerzo. “No nos dejaban hacer nada”.

Pero no sólo atendían a los que llegaban a los refugios, sino que todos los días preparaban las viandas para los que estaban en el campo, más el hielo y el agua necesarios para paliar tamaña y desigual pelea. Mujeres comunes, de esas que luchan diariamente en su hogar, en el barrio, en la vida, sacaban horas de su descanso para reconocer el esfuerzo de esos, también voluntarios, que dejaron su vida normal para lidiar contra el fuego.

Esta columna, que suele ser análisis de la realidad del ser humano, hoy amerita relatos y experiencias. Gracias al esfuerzo del guardaparque Sergio Bossio, que estuvo 12 días en la lucha en el sur mendocino, contamos con el relato de Antonia Bravo, una de las patricias de Monte Comán:

“Estamos ayudando acá, junto con mujeres del Grupo Vendimia de Monte Comán, que todo el año colaboran con los eventos de nuestro pueblo. Todas han contribuido con el pedido de mercaderías y en la cocina porque sabemos que el tema de los incendios es devastador. Somos de las que pensamos que cuando nos piden ayuda, tenemos que estar, porque primero hay que hacer y después decir. Queremos dar una mano sin recibir nada a cambio, porque eso es dar y eso nos hace felices”.

En un mundo de egoísmos y de mezquindades, en donde prima el “sálvese quien pueda”, el ejemplo de estas mujeres, tan comunes como aquellas que en los patios de la lucha por la independencia hacían vestimentas y pertrechos, nos reconforta la vida.

Así como necesitamos el esfuerzo de esos brigadistas, guardaparques, bomberos y colaboradores para contener los incendios, crea valor para la vida, el trabajo en la oscuridad de tantas Antonias Bravo que llevan consuelo y agradecimiento a esos voluntarios en sus pocas horas de descanso.

Las llamo Patricias de Monte Comán, no porque su nombre signifique alcurnia, sino porque ese nombre expresa “nobleza de mujer”. Son mujeres nobles que se olvidan de su descanso, de sus obligaciones cotidianas y se entregan con verdadero amor a demostrar agradecimiento para aquellos que protegen la comunidad luchando contra los incendios.

Hombres y mujeres nobles se unieron en ese lugar y en otros tantos pueblos de la región, para esta gesta. Pero en realidad, lo que hicieron, es mostrarnos de qué se trata la palabra “dar” a la que siempre le ponemos el límite de “qué me das a cambio”. Ellos dan, y con eso son felices.

Estas patricias de Monte Comán más los voluntarios que lucharon contra los incendios, nos enseñan qué es la felicidad, nos dan valiosas lecciones de vida y nos marcan la senda por las que podemos recuperar el sentido de ser humanos. Hoy soy mejor persona, porque gracias a todos ellos, aprendí a mirar mejor el horizonte de los hombres y mujeres.

 

 

 

 

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