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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Martes, 2 de Enero de 2018

Trágica vida de los pioneros del blues

Aparecen como desconocidos y, sin embargo, marcaron el principio del blues, la base indiscutible del rock. Tal es así que muchos grupos como Metallica, Oasis y los mismísimos Rolling Stone se inspiraron en ellos. La misteriosa trayectoria de diez genios con vidas desdichadas.

Blind Blake. Especialista en esa endemoniadamente complicada técnica del ‘fingerpicking‘: tocar al mismo tiempo y con diferentes dedos el ritmo y la melodía. Sus casi 100 composiciones están ahí, para formar a músicos de todo el mundo. Su muerte fue prematura de una enfermedad pulmonar.

Bessie Smith. Fue la primera gran estrella del blues. Su talento, su voz inigualable y su ímpetu la llevaron a vender miles de discos en los años 20. Amante de los vicios y voraz es su bisexualidad, vivió siempre en el exceso. Influyó en el rock de los 70, donde Janis Joplin la idolatraba. Murió desangrada porque rechazaron atenderla en varios hospitales de blancos.

Blind Lemon Jefferson. Tenía 36 años cuando murió, era ciego y su estilo de canto robusto y letras poéticas influyeron sobremanera a los Beatles y a Bob Dylan, que versionaron algunas de sus piezas. Un gélido diciembre de 1929, salió de ofrecer un concierto, se perdió por las heladas calles de Michigan y falleció congelado.

Bukka White. Fue visitado en la cárcel por el musicólogo Alan Lomax para grabarle unas canciones. Cuando fue liberado, White, grande del blues del Delta, registró una colección de piezas estremecedoras sobre su experiencia carcelaria. En los sesenta, sus canciones fueron reivindicadas por figuras como Bob Dylan o los Rolling Stones. También compuso para su primo BB King. Murió de cáncer.

Charley Patton. Bob Dylan compuso ‘High water (for Charley Patton)‘ y Jack White dijo: “Si un músico escucha a Patton y no siente nada yo no diría que es un músico”. Bebía desde la mañana, consumía cocaína, se metía en peleas. En definitiva, vivía sin freno, y ello le proporcionaba excelentes historias para sus letras. Falleció de un ataque al corazón con 43 años.

Jimmy Reed. Lo tuvo a su alcance: fue de los pocos músicos de blues que tuvo canciones en la parte de arriba de la lista de éxitos. Su sonido arrastrado y ‘boogie‘ atrapó a jóvenes como los Rolling Stones o Neil Young. Pero su alcoholismo galopante lo arruinó. Murió a los 51 años por un fallo respiratorio.

Little Walter. Violento, alcohólico y jugador empedernido. Y genial armonicista. Seguramente la mejor armónica de blues de todos los tiempos. Murió en la cama, en la casa que compartía con su novia, después de una noche de peleas, producto de las heridas y de la ingesta de alcohol. Tenía 37 años, pero físicamente aparentaba 60.

Mamie Smith. La estrella que acabó sola y arruinada. Se le atribuye el primer gran éxito del blues. Se trata de una canción llamada ‘Crazy blues’ que se editó en 1920 y que se vendió por miles en discos de pizarra. Acabó en una vorágine de drogas y alcohol que la condujo a la muerte con 63 años entre penurias económicas.

Robert Johnson. El más influyente, murió sin un centavo. Los Rolling Stones, Eric Clapton, Muddy Waters, Led Zeppelin o gente más actual como Jack White o The Black Keys lo idolatran. Murió a  los 27 años.

Son House. Se casó cinco veces, predicó la palabra del señor y cantó blues del Delta como pocos, influyendo a músicos de todas las generaciones, como Muddy Waters, Eric Clapton, Led Zeppelin o White Stripe. Preso de nuevo de sus contradicciones, se retiró a mediados de los setenta.

En tiempos de Google y You Tube, los invito a buscarlos. Escuchar su música, sus voces, su magia que influyó en tantos grandes del rock mundial. Todos parecen haber hecho un pacto con el diablo que les dio genialidad a cambio de vidas trágicas. Pero dejaron huella, marcas y legado. Eso es lo que vale.

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