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Jorge Bossio

La mentira de “como perro y gato”

Los seres humanos solemos caer en el error de la enemistad entre los animales. Quizá la más clásica es la que hay entre los perros y gatos, que son los animales que más cerca tenemos. Sin embargo, nada de eso sucede con ningún animal, los que, por naturaleza, no conocen la palabra animadversión.

26/12/2017

Hace poco leí una nota de un especialista en ecosistemas que sostenía que los animales no tienen “enemigos” naturales y que ninguno, desde el más minúsculo zooplancton hasta la ballena azul, pasando por todas las especies, no tienen enemistad entre ellos.

Las personas suelen caer en un grave error que se denomina: antropomorfismo o humanización (ver: ¿Por qué se humaniza a los animales?). De ahí que, se les atribuyan cualidades y emociones que no les son propias, entre ellas la de la enemistad.

Un caso típico, del que se suele hablar a la ligera es el de los gatos. Se dice de ellos que sus principales enemigos son el perro y el ratón. Este concepto, además de erróneo es muy común y está generalizado en todas partes del mundo.

El origen de la “pelea” entre felinos y caninos es muy simple. Antes de ser domesticados, los lobos se comían a los gatos salvajes, por mera cuestión de tamaño y de instinto de supervivencia básico, es decir, que los gatos eran presas de los perros, así como los ratones lo eran de los primeros.

El ser humano vio en el lobo (Canis Lupus) características que lo llevaron a domesticarlo, como su fuerza, capacidad de trabajar en equipo, etc. y al lobo, esta relación le proporcionó alimento seguro y protección. Por evolución y adaptación surgió una nueva subespecie, llamada Canis lupus domesticus, ancestro común, de todas las razas de perros domésticos.

El caso del gato salvaje (Felis silvestris) fue diferente, puesto que fue él quien se acercó al ser humano, porque en sus almacenes había ratones y en sus hogares protección y comida. La diferencia es que, el nuevo felino (Felis silvestris catus) no perdió sus más ancestrales características: la independencia y el instinto de cazar.

Aun así, ambas especies aprendieron a convivir y es muy común tener perros y gatos que juegan, duermen e incluso comen juntos, lo que no debe llamar la atención, ya que es producto de la adaptación evolutiva de ambas especies.

En cuanto al tema de las presas, éstas pueden ser naturales o impuestas. Si el animal pertenece a un hábitat donde abundan determinadas especies, que le resultan fáciles de cazar, se especializará en ellas, no por enemistad, sino por instinto.

Pero se han dado infinidad de casos en los que, sobre todo por causa humana (deforestación, destrucción de los hábitats naturales, etc.) los animales han tenido que migrar a zonas nuevas, donde han aprendido a cazar y comer lo que hubiese disponible, muchas veces causando verdaderos estragos en poblaciones autóctonas, que no tenía predadores naturales.

El único y verdadero enemigo que tienen los animales es el ser humano, pero este concepto es válido, solo para quienes tiene capacidad de raciocinio. Para el resto de las especies, es (o debería ser) simplemente un ser tan poderoso como peligroso, del que habría que huir, tan solo con intuir su mera presencia, puesto que es el único animal capaz de matar por placer.

“Cómo perro y gato” es, entonces, un invento de los seres humanos, no para identificar una lucha que no existe, sino para justificar el espíritu depredador que tenemos hombres y mujeres. Como decíamos antes, somos los únicos que matamos por placer y en eso somos más animales que los animales.

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