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Jorge Bossio jbossio@gmail.com Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Las aventuras de Alejandro Dumas

La propia vida del más prolífico escritor francés daría lugar a decenas de novelas de aventuras. Fue un personaje que ganó fortunas, las que dilapidó con la misma rapidez que las obtenía. Fiestero, derrochador, pendenciero, bebedor y gourmet, y dejó legados de todo tipo.

Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Corría aproximadamente el año 1770, cuando en una noche oscura en la lejana Haití, un hombre se acercó a un edificio. Se notaba su estirpe, pero sólo en sus formas, porque la vestimenta delataba una situación económica paupérrima. Lo recibió otro francés enorme e hicieron el intercambio. Una bolsa de dinero por un niño. El esclavista cerró la operación con rapidez y el noble (no tanto) se fue con su dinero y partió para Francia.

Años después, el marqués Alexandre-Antoine Davy de la Pailleterie, recuperaría a su hijo Thomas Alexandre y lo llevaría de regreso a París. Menos mal que lo hizo, porque si no el mundo entero se hubiese perdido una de las obras literarias más prolíficas, ya que el esclavo recuperado sería el padre de Alejandro Dumas. Y va otra curiosidad, Dumas, en realidad, es el apellido de la esclava haitiana Marie Césette, a la postre amante del marqués y abuela del escritor.

Que Alejandro Dumas era todo un personaje, al margen de su trayectoria como escritor, es un hecho constatado. Amigo de las fiestas, derrochador, pendenciero, bebedor, gourmet… todo un hedonista y bon vivant que ganó muchísimo dinero con sus novelas y acabó perdiendo toda su fortuna perseguido por sus acreedores.

Incluso construyó un castillo en Le Port-Marly denominado, obviamente Monte-Cristo. Para ello llevó decoradores de Argelia y compró los muebles clásicos más caros.

Pero hubo otros detalles que nos hubieran dejado sin el magnífico escritor, porque a lo largo de su vida, fue muy proclive a batirse en duelos, tan comunes en esa época. A veces lo acompañó la buena fortuna, ya que en una ocasión su rival no llegó porque había perdido dos dedos en un duelo anterior y en otro caso, un contrincante había contraído un fuerte resfriado tras caerse a un canal.

Pero quizá la anécdota más conocida de Dumas y sus duelos sea su enfrentamiento con un político. Ambos eran excelentes tiradores, así que decidieron echar a suertes quién era el perdedor, que luego se pegaría un tiro. Dumas perdió, agarró la pistola y se encerró en su despacho. Segundos más tarde se escuchó el sonido de un disparo. Sus amigos se temieron lo peor, pero Dumas abrió la puerta diciendo: “Señores, ha ocurrido un desastre inesperado. He fallado”.

Muchos sostienen que dos de sus novelas más famosas fueron inspiradas en la vida militar de su padre, el ex esclavo Thomas Alexandre, mulato él, que llego a ser general del ejército francés. Vayan dos anécdotas de muestra: En 1802 rechazó participar en el sofocamiento de una rebelión de esclavos en Haití, lo que le hizo caer en desgracia. Debido  a su reputación, se salvó de las depuraciones en la época del terror revolucionario, a pesar de que en varias ocasiones se negó a realizar actos contrarios a sus principios.

El mulato Thomas Alexandre también luchó bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte, pero cayó en desgracia otra vez al terminar la campaña de Egipto, cuando le dijo al futuro Emperador: "...por la gloria y el honor de la patria, yo daría la vuelta al mundo, pero si sólo se tratara de un capricho suyo, no daría un solo paso...". 

Convengamos, entonces, que la vida de Alejandro Dumas estuvo rodeada de aventuras desde sus ancestros hasta su propia existencia. Como dijo el presidente Chirac cuando en 2002 trasladó sus restos al Panteón de París junto a otros notables “con usted, nosotros fuimos D‘Artagnan, Monte Cristo o Bálsamo; recorrimos las calles de Francia, participamos en batallas, visitamos palacios y castillos”. Desde esta humilde columna, yo agrego: “Con vos, Alejandro, nosotros aprendimos a soñar aventuras”.