Mendoza,

de
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Jorge Bossio

A propósito del “Orient Express”.

En 1934, Agatha Christie “usurpó” literariamente al emblemático “rey de los trenes” cuando publicó “El asesinato en el Expreso de Oriente”, una de sus mejores novelas con el inolvidable detective belga, Hércules Poirot. El Orient Express cumplió 134 años y sigue rodando con los mismos históricos vagones.

4/12/2017

Puedo imaginarme la figura estoica del detective Hércules Poirot, con sus clásicos bigotes engominados y su “cabeza de huevo”. Lo veo recorriendo, cansino, los pasillos del Expreso de Oriente, siguiendo con su rítmico caminar el traqueteo del tren sobre los rieles. Quizás, al pasar por uno de sus camarotes, el belga habrá visto a una mujer concentrada sobre muchos papeles escribiendo y creando historias y personajes.

Agatha Christie usaba este tren e incluso su novela del “Asesinato en el Orient Express” la escribió en una habitación del Pera Palace Hotel, de Estambul, cuyas autoridades aún la conservan tal cual, en homenaje a la escritora.

En 2017 este servicio de ferrocarril cumplió 134 años en plena forma. Hace unos días realizó su última entrada en la estación de Venecia-Santa Luzia procedente de Calais y París y volverá a ponerse en marcha el próximo 21 de marzo para su temporada de 2018. Durante décadas fue considerado como “rey de los trenes y tren de los reyes”, pues que a lo largo de su historia ha transportado a todo tipo de personajes, desde jefes de estado en ejercicio hasta monarcas en el exilio.

La historia del Orient Express se remonta a 1883, cuando el francés Georges Nagelmackers, creador de la Compagnie Internationale des Wagons-Lits, ideó un servicio que uniera las capitales de Europa Occidental con las rutas orientales de manera confortable, utilizando los primeros coches cama y vagones-restaurante del viejo continente.

La ruta operaba tres veces por semana, realizando paradas en tres capitales: Budapest, Belgrado y Sofía, un servicio que funcionó con regularidad hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, que obligó a suspender casi todos los trenes.

El tren ya acumulaba por entonces jugosas historias protagonizadas por algunos pasajeros ilustres: Ferdinand de Bulgaria se encerró en un baño al creerse acosado por pistoleros. Por más que se le insistió en su total seguridad, estuvo sentado en el pequeño habitáculo durante horas. El Rey de Bélgica, Leopoldo II montó el tren dirección a Estambul después de hacer un plan para infiltrarse como falso vigilante de un harén, cosa que contó indiscretamente a algunos compañeros de viaje.

El siguiente monarca búlgaro, Boris III, ingeniero aficionado, insistió en que se le permitiese conducir el tren a través de su país: lo que hizo a velocidades excesivas, ante la atenta y asustada mirada de dos maquinistas. El Zar ruso Nicolás II pidió con antelación que para su viaje en el tren fuera construida una decoración específica en los vagones que él y su séquito utilizarían para su visita a Francia.

El actual Orient Express es idéntico al de principios de siglo XX: confortable, pero sin concesiones a la modernidad, que es donde también radica su encanto. Todo es delicado y elegante, pero para nada ostentoso. En él trabaja un equipo multinacional de impecable trato con los pasajeros y gran formación en hostelería, en un tren que desde su reestreno, hace 35 años, ha recorrido ya más de cuatro millones de kilómetros por Europa.

Como cada verano, realizará su tradicional y único viaje del año a Estambul, partiendo de París el 24 de agosto y entrando en la estación de Sirkeci seis días después, tras hacer noche en Budapest, Sinaia y Bucarest, un viaje para el que se suelen hacer reservas hasta con dos años de antelación, pues al anunciarse, sus plazas siempre son las primeras en venderse.

El rey de los trenes o el tren de los reyes realiza una vez al año el clásico recorrido París-Estambul, y entre sus pasajeros seguirán estando esos maravillosos fantasmas que  alimentaron nuestra vida de aventureros. ¡Salud, Hércules y Agatha!

 

 

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