Mendoza,

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Jorge Bossio

Soy un procrastinador

Es un término que muchos conocen y otros no, que muchos lo practican, y otros lo hacen sin saber que existe. Pero la procrastinación está entre nosotros desde tiempos inmemoriales y lo seguirá estando. ¿Qué tipos de procrastinación hay y cuál es el tuyo?

27/11/2017

Este término (procedente del latín procrastinare “pro”, adelante, y “crastinus”, referente al futuro), alude a la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

La procrastinación es un defecto congénito de nuestro intenso estilo de vida y también un término de rabiosa actualidad en este siglo XXI. Si eres de los que dejan para mañana lo que podrían estar haciendo hoy, sos un procrastinador de ley.

De una jornada completa de trabajo o de estudio, sin duda, no todas las horas son productivas. La procrastinación es ese fantasma que aletea sobre nuestras cabezas, que nos distrae con vaguedades, tonterías o planes futuros, y que nos impiden concentrarnos en la tarea presente que tenemos delante, originando frustración.

Porque posponemos todo que tenemos pendiente, desde lavar la ropa, hacer un trámite, comenzar una dieta o terminar un proyecto de trabajo que seguimos aplazando. Es ahí cuando retomamos un video de curiosidades, o nos ponemos a ver por la ventana o repasamos las películas que podemos ver a la noche o revisamos por enésima vez nuestro correo electrónico. De esa forma se nos pierde en el horizonte el poner en marcha nuestra fuerza de voluntad y disciplina.

Ahora podemos identificar frases que pronunciamos y que forman parte del decálogo del procrastinador: “No necesito hacer eso ahora”; “Empezaré luego de que…”; “No es un buen momento”; “No es realmente tan importante”; “No tengo los recursos suficientes”; “Algo ocurrió eventualmente” y “Tengo mucho que hacer ahora”. Si alguna vez hemos pronunciado por lo menos una de estas frases, somos procrastinadores.

Jerry Seinfeld es uno de los comediantes más exitosos de todos los tiempos. Según la revista de Forbes, Seinfeld llegó a su máximo punto en ganancias cuando ganó $267 millones en 1998. Diez años después, en el 2008, Seinfeld seguía ganando $85 millones al año. Pero lo más impresionante de Jerry Seinfeld no son sus premios, sus ganancias ni los momentos especiales, sino que su increíble constancia en todo.

Su estrategia consistía en tener un calendario gigante pegado en una pared y cada día que trabajaba o creaba, pintaba un corazón rojo. Nótese que nunca mencionó nada sobre los resultados. No importaba si tenía la motivación o no, ni importaba si los chistes que escribía eran buenos o no, lo único que importaba era no romper la cadena de corazones.

Compara sus resultados con dónde te gustaría estar tú en tu vida. Queremos crear, pero nos cuesta trabajo; queremos hacer ejercicio, pero no encontramos la motivación necesaria. Queremos lograr nuestras metas, pero por alguna razón u otra, procrastinamos.

 

David Allen sostiene la teoría de los dos minutos como importante a la hora de resolver nuestra inclinación a la procrastinación. Es sorprendente la cantidad de cosas que postergamos y que podríamos hacer en dos minutos o menos. Por ejemplo, lavar los platos después de comer, meter la ropa en la lavadora, sacar la basura, quitar la basura del escritorio, enviar un email, entre otras. Si una tarea requiere de menos de dos minutos, entonces sigue la regla y hazlo ahora mismo.

Cuando inicies un nuevo hábito, éste debe tomar menos de dos minutos en hacerse: ¿Todas nuestras metas pueden alcanzarse en menos de dos minutos? Claramente no. Pero todas ellas se pueden iniciar en dos minutos o menos. Y ése es el propósito detrás de esta regla. Pongamos en marcha esta norma, o la estrategia de Jerry Seinfeld y no tengamos más excusas. Bah, no sé, mejor escribo esta columna mañana y que hoy la haga Roberto Suarez o Emilio Vera Da Souza. Es que “no es un buen momento”.

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