Mendoza,

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Jorge Bossio

La Cheta y el Estúpido

Las redes sociales viralizaron el caso de “la Cheta de Nordelta”, una cirujana que se quejaba con una amiga, por los “gronchos” que tomaban mate en un muelle del barrio.

13/11/2017

La “fauna humana” nos suele dar especímenes que, por sus características, son propios de sociedades retrógradas. En la última semana encontramos dos de ellos, a cual más singular, pero ambos de una ridiculez que parecería ser de hace décadas. Sin embargo, el fenómeno es muy actual.

Hubo un tiempo en el que la sociedad argentina se jactaba de no ser racista. Se mostraba aparentemente comprensiva frente a la lucha de los afroamericanos en Estados Unidos o las víctimas del apartheid sudafricano. Pero pronunciaba sin ruborizarse la expresión “cabecita negra” que, a medio camino entre la condescendencia y el desprecio, englobaba personas con ascendencia indígena o provenientes de países limítrofes.

Por otra parte, en medio de campañas masivas por #niunamenos, vemos que la población todavía no internaliza correctamente los riesgos de la violencia de género, en todos los órdenes en que se manifiesta. Pareciera que, para algunos, sólo se habla de eso cuando hay un femicidio, sin entender que el origen va más atrás, en algo que parece inocente y hasta divertido. De todo esto se tratan los ejemplos de esta semana.

Las redes sociales viralizaron el caso de “la Cheta de Nordelta”, una cirujana que se quejaba con una amiga, por los “gronchos” que tomaban mate en un muelle del barrio con “reposeras de Mar del Plata” y “perros que gritaban”. Al margen que estas declaraciones despertaron miles de comentarios indignados, hay que reconocer que los nefastos dichos de esta mujer, son una muestra de lo que piensa una parte muy interesante de la comunidad.

El racismo moderno se relaciona con la pobreza y la marginalidad que pretende reafirmar la exclusión de determinados colectivos; de allí la necesidad de revisar la visión de “esos negros”, o “esos grasas” o “esos gronchos” o “esos villeros”.

El otro caso, es el del conductor Mariano Iúdica, que en medio de su programa “Polémica en el Bar” expresó que son las “feas las que no quieren los piropos” y, volviendo a recalcarlo cuando sus compañeros ponían paños fríos, negó que fuera una broma e insistió en su ataque contra “las feas”. Un verdadero “estúpido”, tal es el término que le cabe, porque su significado dice de un ser “necio, torpe, falto de inteligencia”.

Mariano, para que entiendas. Sos un comunicador al que ve mucha gente, y de esa forma estás confundiendo a la todavía no muy esclarecida sociedad sobre este tema. Yo no hago escuela, pero te dejo estos conceptos para ver si te pueden ayudar a no ser tan necio y torpe.

El acoso callejero es una forma de violencia que diariamente sufren millones de niñas y mujeres en todo el mundo. Existe miedo y, a la vez, enojo generalizado por ser blanco de silbidos, masturbaciones, exhibicionismo, manoseos e insinuaciones sexuales en lugares públicos. Lamentablemente, esta situación es culturalmente aceptada y muchos hombres consideran que sólo buscan halagar a la mujer o que su conducta es el resultado de una ‘provocación‘ femenina por su forma de vestir.

Las víctimas de acoso callejero no saben cómo defenderse y permanecen en silencio. La falta de acción de las autoridades también las desalienta a denunciar ya que en muchas ocasiones, se encuentran con mofas y falta de sensibilidad.

En los últimos años la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha comenzado diversas acciones para detener y erradicar el acoso callejero. Una de ellas fue “Ciudades Seguras Libres de Violencia contra las Mujeres y las Niñas”. La ONU, Mariano, no es una ONG feminista, como seguro sería tu argumento.

La Cheta y el Estúpido han sido noticia esta semana. Pero no de las mejores, sino de aquellas que desangran a un sector racista y violento, que debe urgentemente dejar esa hipocresía doméstica y ponerse a trabajar en conductas inclusivas y de respeto. Porque, lamentablemente, a nuestro lado, sigue habiendo muchos “chetos” y “Iúdicas” que pululan. Y no es para discriminarlos, sino para incluirlos en un mundo mejor, por supuesto, no el que ellos proponen.

 

 

 

 

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