Mendoza,

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Jorge Bossio

¿Hasta cuándo, mujeres?

Un tema de absoluta actualidad sobre el que se vuelve siempre y donde se debate hasta el hartazgo, es el mínimo posicionamiento de las mujeres en los puestos directrices de empresas y Estados. Se cuelan en la polémica, razones como el patriarcado, la autolimitación y una sociedad incomprensiva.

6/11/2017

Una reciente foto en el Centro Cultural Kirchner, en donde el presidente Macri anunció una serie de reformas, dejó en evidencia una realidad que preocupa y molesta: sólo seis mujeres entre una oleada de trajes oscuros y corbatas. ¿Es casualidad? Para nada, es el signo de los tiempos que todavía avanzan lentos en la equiparación de género.

Veamos primero los números. En el mundo desarrollado y también en Latinoamérica, alrededor del 45% de los puestos de una empresa son ocupados por mujeres, pero sólo el 19% de ellas llegan a los puestos principales. A estas cifras le agregamos otras más crueles: en la Argentina las mujeres ganan un promedio de 27% menos que los hombres, salvo en las provincias de Misiones, Salta y Chubut, en donde la brecha se amplía a un deleznable 65%.

Detrás de esos números hay personas, pero también razones por las cuales esas realidades no cambian, o por lo menos, lo hacen a un ritmo miserablemente lento. Algunos analistas sostienen que las únicas medidas que han funcionado son las de “discriminación positiva” que son políticas sociales para mejorar la calidad de vida de grupos desfavorecidos. A mí, personalmente, me asusta decir que un género es un “grupo desfavorecido”, pues habla mal de la actitud humana en pleno siglo XXI.

Ahora podemos analizar las causas más a mano que tenemos, para determinar por qué las mujeres no llegan a cargos jerárquicos. Primero está el concepto machista que define que los hombres son más favorecidos, “porque las mujeres suelen tener hijos (quién si no) y se centran más en su familia que en su trabajo”.

Siguiendo con el discurso discriminador, la mujer está considerada como carente de autoridad y mando. Como decíamos antes, esta situación se agrava todavía más al intentar conciliar la vida personal con la laboral, ya que la filosofía empresarial que predomina es la que defiende que, para alcanzar el éxito profesional, es necesario “renunciar” a la familia.

Pero también existen estudios que muestran que las mujeres son menos corruptas. Se mencionan ejemplos como, la menor probabilidad de pago de sobornos y de irregularidades administrativas, en operaciones de compras públicas en ciudades dirigidas por mujeres. Si ellas están en puestos de poder en sociedades democráticas y relativamente transparentes, su presencia tiene un efecto positivo sobre la corrupción.

Una consultora internacional trata de entender por qué las mujeres no acceden a puestos importantes. “No hay suficientes candidatas que ocupen cargos directivos. Ninguna respuesta pone de relieve la falta de motivación de las mujeres o la existencia de una cultura masculina dominante. Por ello, la débil proporción de mujeres en los puestos directivos es vivida más como un hecho que como una política empresarial”.

Entonces, para entenderlo, el mismo sistema les ha metido en la cabeza y en la vida a las mujeres, que ellas “no están preparadas y no se merecen la oportunidad de ocupar mayores responsabilidades”. La cuenta es clara, por un lado el sistema masculino que pone obstáculos y por el otro, las propias mujeres que se cierran a grandes posibilidades.

¿Hasta cuándo la sociedad no va a instrumentar medidas de inclusión de género para el sector laboral? Pero también ¿hasta cuándo las mujeres no dejarán de lado el “ropaje de inseguridad” que le impuso el sistema y tomarán el toro “por las astas” y se llevarán puestos “los palos en la rueda” de la discriminación? Porque ahí estará el secreto, reconocer que también el problema está dentro de ellas y que será desde ese interior que lograrán cambiar a la sociedad. Para nunca más tener que decir ¿hasta cuándo…?

 

 

 

 

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