Mendoza,

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Jorge Bossio

Los emergentes políticos

Todo parece indicar que ha llegado a su fin la existencia de los partidos políticos tradicionales. Pero no voy a profundizar en la política partidaria (que no es mi temática) sino en una realidad que viene avanzando en el mundo entero. Una realidad que surge del hastío de la gente.

10/10/2017

La política en todo el mundo, pero también de este lado del hemisferio, viene sufriendo (o teniendo) transformaciones, cambios, que muchas veces sorprenden y otras, despiertan la necesidad de entender de dónde surgen y por qué.

Los nuevos partidos, o instituciones de participación en la acción política, no se originan en la tradición socialista, democristiana, liberal o similares, sino que son el resultado del liderazgo político de un individuo con una idea poderosa, un ambiente concreto de transformación sociopolítica, el manejo de las tecnologías y las redes sociales, así como el interés regular de los grandes medios y, sobre todo, de la televisión.

Este sincretismo ideológico (tendencia a conjuntar y armonizar corrientes de pensamiento o ideas opuestas) permite a las nuevas fuerzas captar votantes de distintos perfiles y crear partidos políticos prácticamente desde cero. Cuando uno intenta entender el porqué de su triunfo, podemos interpretar que es porque no vienen con cargas previas y adaptan la propuesta a la demanda que tiene la sociedad, sin ningún tipo de presiones o rutinas. Son más ágiles, flexibles y con mejores reflejos que los partidos tradicionales.

En lo relativo a su financiamiento, en su origen, las startups políticas recurren a los amigos, a la familia o a los “locos” que financian esas aventuras, porque en realidad carecen de la tradicional militancia política.

En realidad, son emergentes, deslumbran, gustan a las nuevas audiencias y son espectaculares con sus métodos de comunicación. Están cubriendo un grupo de “nichos” que están desabastecidos o mal atendidos por los partidos tradicionales.

Si me preguntan por ejemplos, rápidamente me viene a la memoria los éxitos y millones de seguidores de los grupos Podemos y Ciudadanos de España. Pero ellos no sólo cuentan con las nuevas generaciones, sino que se nutren de todos los partidos, de personas que están hastiadas de no encontrar respuestas. Otros ejemplos son los presidentes de Francia y Estados Unidos. Tanto Emanuel Macron como Donald Trump han triunfado y crecido porque carecen de antecedentes políticos.

La puesta en valor de estos nuevos grupos consiste en la descripción del programa político o el plan de gobierno, el modelo de financiación del partido, la relación con los electores y con los actores políticos del ecosistema de representación, la organización de los cuadros intermedios, entre otros elementos. Es ese el eje de la estrategia: la creación de nuevos proyectos políticos, porque compendia la identidad, la misión y el servicio que se ofrece a la comunidad política.

Entonces, cuando veamos que en todas partes surgen estos líderes o grupos emergentes que captan la atención de la comunidad y que se “llevan puestos” a los partidos tradicionales, no nos asombremos. No es algo milagroso; es simplemente saber interpretar las necesidades de la gente y la falta de atención que los otros le dan a la sociedad.

No es algo misterioso ni inexplicable, es el reflejo de saber escuchar y dar la respuesta correcta. Por eso no es ilógico asegurar que los partidos tradicionales, como los conocemos, irán desapareciendo o mutando, y se entremezclarán las ideas y los dirigentes y, finalmente, triunfarán aquellos que sepan interpretar los cambios que la sociedad necesita.

Serán los nuevos emergentes basados, ya no en las pintadas en las vías públicas, sino en las redes sociales, en ese criterio avasallador que es la modernidad. Pero ellos también tendrán que aprender a reinventarse, siguiendo la misma velocidad que tiene la comunidad. ¿Es desenfreno? Sí, puede ser, pero de esa genética está hecho el nuevo mundo. No nos quejemos.

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