Mendoza,

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Jorge Bossio

Leer, la forma de vivir mil vidas

En el mundo de las comunicaciones, de la tecnología, de internet y del whatsapp, cada vez se pierde más la pasión por la lectura y lo que nos cuesta transmitirla a los más chicos. Tenemos que definir acciones para fomentar la lectura y agradecer a George R.R. Martin por el título de esta columna.

2/10/2017

El tema de la lectura tiene innumerables aristas, algunas de ellas polémicas como el futuro de los libros de papel (impresos) y también, similar, la de los diarios informativos. Cada vez se lee menos y ésta no es una apreciación personal, sino una simple estadística. No voy a ocuparme del resto de la sociedad, pero sí de los más chicos, esos que recién empiezan, los que son tierra fértil para sembrar semillas tan valiosas como las de la lectura.

Normalmente no soy de hacer autorreferencias pero esta excepción pienso que puede ayudar. Mi padre fue escritor y periodista, y cuando estaba por empezar el secundario, veía que yo no era un gran lector, salvo de revistas de cómics, situación que él odiaba. La ocasión se la pinté yo mismo, cuando le empecé a pedir dinero para salir los fines de semana.

Un día me ofreció un trato. El lunes temprano él me dejaba un libro en mi mesa de luz y el viernes, tenía que relatarle el contenido. Si él comprobaba que lo había leído efectivamente, tenía dinero para la semana completa. A regañadientes (y por interés) lo leí y recibí mi “premio”.  Así durante meses, hasta que un lunes no encontré mi libro y a la noche, cuando mi padre volvió de trabajar, le recriminé su olvido. Él sólo sonrió y me alcanzó el libro. Había logrado su objetivo.

No voy a sostener que una actitud casi extorsiva sea la mejor herramienta para fomentar la lectura, pero quería alentar a la imaginación de los mayores para lograr ese objetivo. Y agradecer al escritor y guionista estadounidense George R.R. Martin, que me ayudó con el título cuando dijo “Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una”.

Con seguridad nadie se atrevería a discutir la importancia y los beneficios de leer. Sabemos bien que tener hábito por la lectura nos da la oportunidad, además de entretenernos, de imaginar, de ampliar nuestro vocabulario y, sobre todo, de conocer muchísimas cosas.

En una época como la nuestra con tantos estímulos como internet, aplicaciones, móviles, son actividades que compiten con leer, sobre todo entre los más pequeños. Acá voy a  hacer referencia a una escritora argentina, Graciela Montes, cuando clasifica y sostiene que están los que no leen porque nadie les ayudó a leer, otros porque no tienen libros y los terceros, directamente porque no “les gusta leer”. Los dos primeros grupos son, por lejos, mayoría.

“Si quiere que su hijo coma verduras, cómalas usted”, dicen los pediatras, porque los niños relacionan esa actividad como algo cotidiano y no como un objetivo inalcanzable. Entonces hay que comenzar a edad temprana, ya sea con libros para los más pequeños pero sobre todo leerles a diario, en voz alta y libros de toda clase. Leer como experiencia de acercamiento, calor y tranquilidad.

Cuando los pequeños comienzan a expresar sus gustos por temas o ciertas historias, lo mejor es respetar sus intereses y acercarlos a los títulos que les llamen la atención. Porque la experiencia de leer debe ser placentera, los niños que relacionan leer con castigo o aburrimiento difícilmente buscarán otros títulos, al contrario, evitarán la actividad de leer a toda costa.

Como dice George R.R. Martin, leer nos asegura vivir mil vidas, por lo tanto tenemos que considerar esa semilla que plantamos y el agua que requiere constantemente para que crezca sana. De esa forma llenaremos los ojos y el alma de los niños con cientos de aventuras. Las mismas que ellos crearán el resto de su vida. Ellos crearán vínculos con cada libro que lean, esperando el próximo. Se llama crear experiencias y recuerdos, esos que le darán romanticismo a su vida.

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