Mendoza,

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Jorge Bossio

Sexo con robots y un café

La llegada de los robots y otras predicciones de Isaac Asimov se han hecho realidad. El tema de la robótica está instalado desde hace décadas, pero en los últimos años se le ha sumado un aspecto que, de por sí, es polémico y que abre un sinfín de debates que van desde el vacío legal hasta la cosificación de la mujer y la pedofilia.

11/7/2017

Voy a relatar el caso más emblemático que hay hasta ahora (por lo menos públicamente) sobre la utilización sexual de los robots.  Samantha es el nombre que le dio Sergio Santos a su robot sexual, que entiende unas 2000 palabras, con lo cual podría mantener una conversación amena. "Para minimizar fallos, he hecho que Samantha no haga nada a no ser que esté 100% segura de que se lo ha pedido", dice su creador.

La robot sexual también es capaz de tener orgasmos. "Yo he hecho que al principio, en las primeras interacciones sea relativamente sencillo conseguirlo con Samantha. En unos 5 o 10 minutos se puede lograr. Samantha se debe adaptar a los tiempos que emplea el usuario habitualmente", comentó Santos.

Es aquí donde entran los aspectos polémicos del tema, porque esto refuerza la idea de que la mujer es un objeto, se alteran las reglas del consentimiento sexual o, incluso, se satisfacen deseos sexuales que podrían ser ilegales. Esta tecnología no se ha inventado de cara a estos robots sexuales, sino que es un tema sobre el que se viene trabajando, desde hace mucho tiempo, en el marco terapéutico.

De ahí que aquellos que apoyan esta naciente industria, sostengan o se escuden en que estos androides pueden ayudar a la gente a sentirse mejor, especialmente a los que tienen problemas para relacionarse. Pero el extremo se da en el Reino Unido, en un lugar llamado Fellatio Café, que ha solicitado permiso para un espacio donde todo el personal estaría compuesto por robots programados para satisfacer las necesidades de cada cliente: 15 minutos de sexo oral y un café por 60 libras (68 euros). No está claro que vayan a conseguir el permiso.

En el mundo de la tecnología, la legislación siempre va detrás de todo esto. Se abre otro debate, entre los que sostienen que no debería ser demasiado restrictiva para que la tecnología pueda seguir adelante, pero que se observen bien todos los puntos, porque la palabra “ilegalidad” ronda este ambiente confuso.

Un aspecto interesante que vale la pena mencionar, es la sexualidad que se está viviendo con robots y asistentes virtuales. Un estudio mencionó que gran parte de la población tiene fantasías sexuales con auxiliares como Siri de Iphone, o Cortana de Windows, por la cálida voz femenina que las caracteriza.

Esta industria ya factura 15 mil millones de dólares. Lo que debería cuestionarse no es tanto el hecho de saber quiénes fabrican robots sexuales, sino, más bien, quiénes son los que los adquieren.

La polémica en cuanto a robots con formas infantiles no ha dejado de ser latente, pues hay quienes dicen que eso podría ser completamente ilegal, mientras que otros luchan para que no se regulen las leyes, pues, de esa manera, los niños reales no sufrirían las consecuencias de alguien que goce de tener relaciones sexuales con niños.

La polémica está instalada. ¿Preferiremos los robots, por la decadencia del ser humano? ¿Compartiremos sexo y un café con un androide porque es menos complicado? ¿La tecnología le sigue cerrando el camino al ser humano para relacionarse, como hoy son los celulares y las computadoras? Todas preguntas cuyas respuestas asustan y nos hacen pensar si nuestras futuras parejas tendrán el perfil de Terminator o la mujer biónica.

Hay infinidad de películas y libros sobre este tema, pero me voy a quedar con “2001, odisea del espacio” de Arthur Clarke y su creación HAL 9000, la súper computadora que podía manejar emociones y combatir dudas. Fue publicada en 1968 y esa predicción hoy está vigente, por lo que la realidad ha superado a la ficción. ¿Hacia eso vamos?

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