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Jorge Bossio

Cómo te necesitamos Superman

Corría el año 1938 y el planeta estaba a punto de estallar por el comienzo de la segunda guerra mundial. Eran tiempos de oro para los malos y fue justo cuando apareció Superman. Provenía de un planeta llamado Kriptón y en la Tierra era invulnerable.

26/6/2017

Jerry Siegel, el guionista y Joe Shuster, el dibujante, lo idearon para recrear un mito tan antiguo como Hércules, como Aquiles o como Ulises.

La curiosa simultaneidad del nacimiento de Superman junto con la amenaza inminente del Tercer Reich, que también proclamaba la victoria de un súper hombre, no es una cuestión de azar. Estados Unidos se enfrentaba a un malhechor peligroso que decía que era el profeta de la súper humanidad por venir, y el “yanqui” promedio buscó y se identificó con el superhombre bueno.

También nos pasa en nuestra cotidianeidad, cuando la justicia tradicional se muestra impotente frente a los delincuentes, y buscamos, a veces, nuestros superhéroes periodistas, aquellos que nos pueden defender de esos “malos” que suelen disfrazarse y convertirse en defensores de la misma justicia. Y recordemos que Clark Kent, en su versión tímida, era periodista, que se podía convertir en Superman ante el accionar delincuencial de los súper malos.

¿Quieren otro ejemplo de esta relación política, justicia y pueblo sufriente? En Los Ángeles, California, cuando vivía el Zorro, la ley y la policía eran corruptas. El sargento García cambiaba un plato de comida y una copa de vino, por olvidarse de la justicia. Ahí aparecía Diego de la Vega, también tímido en su vida “real”, pero que con una máscara y una capa (casi siempre los héroes las tienen) salvaba al pueblo de Los Ángeles. La máscara como la capa y otros disfraces, convierten a los héroes en seres fuertes y no débiles como su versión ciudadana.

Por eso, en estos tiempos de elecciones, los partidos políticos se vuelcan a buscar “sus superhéroes” (candidatos) fuera de las esferas de la política. Antes fueron profesionales o empresarios exitosos, ahora son personajes del mundo del espectáculo, del deporte y, en estos días, hasta del periodismo.

Para graficar mejor esta tendencia de los partidos políticos, lo podemos comparar con el Sol, ese superhéroe mitológico primario, que se eleva desde el horizonte para enfrentar a las nubes y a la oscuridad, y termina triunfando por sobre todo, brillando y dando brillo. Aunque aparezca oculto detrás de nubarrones, todos sabemos que ahí está y que es cuestión de tiempo que se imponga.

En el plano de la sociedad actual, cada uno de nosotros, en alguna forma, tiene pretensiones de ser Superman en algún rincón del corazón. Pero como no siempre es posible, procedemos a “totemizar” héroes todos los días. O sea, les rendimos pleitesía a “nuestras” creaciones míticas como si fueran reales. Inventamos héroes deportivos o del mundo del espectáculo y los “totemizamos”. Y nos arrodillamos ante ellos como si fueran estatuas de dioses.

El antropólogo George Gusdorf afirma que “las sociedades que se prosternan ante los tótems, naufragan idolatrando estatuas mitológica pero insustanciales”, o sea sin sostén, sin apoyo. Y así nos va.

Cómo necesitamos a Superman, que aparezca y nos proteja; sin darnos cuenta que en la ficción es el hombre de acero, pero en la realidad, sólo es del papel de los comics que llenaban nuestra infancia.

Dejemos de buscar a los súper héroes que lleguen del cielo, o del mar o de abajo de la tierra, ellos están dentro de nosotros con ese potencial que muchas veces ignoramos pero que, orientado correctamente, puede lograr acciones que cambien este mundo. ¿Parece difícil? Seguro, pero nadie dice que las proezas sean fáciles.

En nuestro mundo real, podemos desplegar nuestra fortaleza sin necesidad de máscaras que oculten nuestra debilidad ni de capas que nos hagan volar. Los que sí pueden volar, son nuestros sueños y el esfuerzo que ponemos en concretarlos. Ahí está nuestro Superman.

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