Mendoza,

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Jorge Bossio

Cogito

En el camino de entender las cosas que pasan por nuestra vida, voy a abusar del filósofo René Descartes y su sempiterna frase “Cogito ergo sum”, cuya traducción al castellano es “Pienso, luego existo”. Por supuesto que la traducción no necesariamente representa el fundamento filosófico que esbozó Descartes.

5/6/2017

Pero el francés, al enunciar esa frase que fue un elemento fundamental del racionalismo occidental, le dio otro sentido o, mejor dicho, por el conjunto de reflexiones que propone Descartes antes de llegar al cogito, sirve para preparar a nuestra mente y disponerla de tal modo que pueda percibir de forma inmediata y evidente las verdades.

El rasgo común a entender, querer, pensar, sentir, (y pensar en sentido estricto, pensar como razonar o conceptualizar) es el que de ellos cabe una percepción inmediata, o en nuestro lenguaje, que todas estas vivencias tienen el atributo de la consciencia, el ser consciente o poder serlo. Todo acto mental presenta la característica de ser indudable, ninguno de ellos puede ser falso, por lo que valdría tanto decir “recuerdo, luego existo”, “imagino, luego existo”, “deseo, luego existo”,  “sufro, luego existo”, que “pienso luego existo”. Y finalmente, me quedo con “entiendo, luego existo”.

Este fin de semana pasado se realizó la tercera marcha #niaunamenos, un reclamo social generalizado para terminar (vaya utopía) con la violencia de género, con los femicidios, con esa irreverente falta de respeto a ese ser maravilloso que es la mujer. Miles de personas en todo el país se volvieron a manifestar, a peticionar para terminar con este flagelo que es endémico, de la Argentina y del mundo.

Por eso Descartes nos invita con su “Cogito” a entender y a no quedarnos con el hecho anecdótico de una marcha, sino que a partir de ésta, se movilice nuestro pensamiento para “poder existir” entendiendo, reconociendo. Simplemente porque luego de las dos marchas anteriores, casi como una bofetada a la sociedad, se incrementaron los hechos de violencia, como diciendo “aquí estoy” desafiante ante tal movilización de la comunidad.

Porque el peor de los males que tiene una sociedad es la indiferencia ya que, quizás minutos después de la manifestación de toma de conciencia, sucede un hecho y nos olvidamos o no hacemos nada al respecto, aunque pase a la vuelta de la esquina. Porque, además, no debemos esperar a que suceda, la toma de conciencia de la sociedad debe ser mucho antes.

Tanto cuando nos enteramos del primer golpe, del primer insulto, de la primera denigración, porque ese es el comienzo, ese es el preciso momento de parar, de no dejar que siga. Porque como sociedad interpreto a toda la comunidad, después bajamos a los grupos sociales, a la familia y finalmente a la víctima misma. En todos esos eslabones debe estar la prevención y no esperar a la cara y cuerpo magullados, a la vida que ya se fue.

Pero eso debe suceder todos los días de la vida, no una vez por año, porque la sociedad suele tener memoria corta y la velocidad de la existencia nos distrae de lo verdaderamente importante. Rápidamente.

Debe pasar en todos los ámbitos, cuando criamos a nuestros hijos, cuando vemos a chicos que, en principio inocentemente, tienen juegos violentos, hasta el famoso bullying, todo puede ser el inicio que deriva en este presente que duele.

Cuando vemos una noticia de una mujer golpeada o asesinada, no es ese el momento de protestar, sino mucho tiempo antes, cuando todo empezó y lo vimos como una gracia o como algo sin importancia.

Entonces es importante “entender” para “luego existir” como nos dice Descartes. Existir como sociedad que sufre, que desea, que imagina, y que finalmente se da cuenta. Cogito ergo sum, pensamiento que busca racionalismo, esa virtud que debería caracterizarnos como seres humanos y no como bestias que es lo que somos hoy. Y si nos duele, bienvenido sea.

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