Mendoza,

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Jorge Bossio

Crónica de un retiro anunciado

La polémica instalada sobre los trolebuses en los últimos tiempos siempre tuvo ribetes variados. El más resaltado es su antigüedad y el deterioro de las unidades desde hace años, unidades generalmente en desuso de sus países de origen, tanto sea Rusia y Canadá de los tiempos recientes u otros que llegaron de Alemania y Japón.

2/5/2017

En estos días, los “troles” van a dejar de funcionar, en principio por seis meses, ya que se van a reparar infinidad de calles y la dependencia de estos “bichos” del tendido eléctrico aéreo, obliga al remplazo “temporario” por los tradicionales colectivos.

Pero bastó que un funcionario aclarara que “luego se verá”, aduciendo razones verdaderamente ciertas, sobre los nuevos tiempos en materia de transporte de pasajeros y hablando, también, sobre la problemática del consumo eléctrico en un país que acarrea serios problemas energéticos, para que podamos pensar que hay pocas posibilidades para que los trolebuses regresen.

Pero todas estas razones comprensibles, no impiden que un dejo de nostalgia caiga sobre los mendocinos que, durante décadas (el año que viene se cumplen 60 años de la implementación de los troles), disfrutaron y ofrecieron al visitante este sistema de transporte, distinto, casi diría lírico.

Pero la realidad es que los cambios vienen y que uno debe aceptarlos por lo beneficiosos que son para la comunidad. La realidad energética del país le abre la puerta a los tiempos de las unidades híbridas, que son motorizados por un componente mecánico que combina uno eléctrico y otro diésel, capaz de reducir en apenas seis meses la emisión de dióxido de carbono equivalente a la cantidad que absorberían 500 árboles.

Pero quiero volver a nuestros “troles” porque ya estarían por cumplir 60 años de existencia desde aquel 14 de febrero de 1958 cuando en la esquina de 9 de Julio y Necochea se ponía en marcha el recorrido “Parque” con veinte unidades Mercedes Benz O6600T.

Pero los historiadores recuerdan que en 1913 (mucho antes que el resto de América) se ensayaba un trolebús instalado por los ingleses de la South American Railless Traction Company. El trolebús de prueba circuló dos años por una ruta de 3 kilómetros desde el centro de Mendoza a través de Emilio Civit y El Libertador por dentro del Parque General San Martín.

En 1962 se adquieren los legendarios trolebuses Nissan/Tokyu Car con equipo Toshiba, los cuales serían los únicos que funcionarían fuera de la isla oriental y serían el emblema de la EPTM por muchos años, gracias a su calidad y confiabilidad.

En 1988 se adquieren trolebuses MAN/Krupp/Kiepe, usados, desde la ciudad alemana de Solingen. Los mismos fueron un modelo concebido especialmente para dicha ciudad, con la particularidad de tener dos ejes posteriores (ambos propulsados) y con características muy avanzadas para el año de su concepción, siendo una de ellas el tener piso bajo para su acceso en primera puerta.

Finalmente, en 2008 se compran unidades canadienses, los Flyer/Westtinhouse que en realidad eran unidades que ya no se usaban en su ciudad de origen, Vancouver.  Algunas de ellas aún siguen “funcionando” (el entrecomillado es más que justificado) en estos tiempos. Estos casos alimentaron, de a poco, las críticas cada vez más crecientes sobre el funcionamiento del servicio.

Debemos prepararnos para ya no ver pasar las largas “cañas”, ni el andar silencioso por las calles mendocinas, ni el amplio espacio interior, ni la tirada del cable que anunciaba querer bajar en la próxima parada. Ya no más de esas cosas históricas que nos daba placer.

Los trolebuses tienen los días contados. Su casi épica presencia en las calles mendocinas ya casi no tiene retorno y por causas absolutamente justificadas. La modernidad es necesaria pero no deja de ser algo cruel. Se van los troles y parafraseando a Gabriel García Márquez, esta es una crónica de un retiro anunciado que, por necesario, no impide que a todos se nos caiga un lagrimón.

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