Mendoza,

de
de

 

Jorge Bossio

Cómo tratamos a los abuelos

Antes que nada debo advertir que al título de esta columna podría haberle adosado signos de admiración, de pregunta o dejarlo neutro tal cual lo hice. Es que son tantos los sentimientos y situaciones encontradas que no resulta sencillo tomar esa decisión. Quedó así, simplemente, para que usted, amigo lector/a defina una de las tres opciones.

13/3/2017

Los abuelos. Esos seres que a veces aparecen como inanimados, como ausentes, otras activos y llevándose todo por delante. Pero no quiero hablar de sus características, sus virtudes o sus debilidades. Quiero hablar de cómo la sociedad los trata, cómo los homenajea o los castiga.

¿Tiene preparada la sociedad herramientas para compensar toda una vida de sacrificios? Y este es el punto neurálgico que debemos analizar. Porque le hemos hecho rampas para discapacitados pero también para los que les cuesta descender un simple escalón. Sin embargo, aún podemos ver la caterva de irresponsables que siguen estacionando los vehículos obturándolas o también observar varios edificios públicos o entidades bancarias, que no han adaptados los ingresos para ellos.

Caminan por la vida, muchas lamentables veces, sin el afecto de los propios y por supuesto de los ajenos. Se trasladan como pidiendo permiso, como disculpándose por ser viejos, tratando de no molestar. Tantas veces los hemos increpado porque su lentitud nos fastidia y lo mostramos a flor de piel.

El paso lento y la poca flexibilidad de sus articulaciones no es tenida en cuenta cuando hacemos más alto el transporte público como poniendo otro obstáculo “para que no suban”. Si hasta hay choferes que se hacen los distraídos cuando en una parada hay uno o más ancianos y pasan de largo “porque venimos atrasados y nos harán perder preciosos minutos”.

Claro que están los casos muy extremos de desidia. Nos pesa la responsabilidad de cargar con ellos cuando son los que cargaron con nosotros toda una vida. Fueron 30 y hasta 40 años que estuvieron pendientes de nuestras necesidades, de nuestras lágrimas, de nuestras ausencias y pesares.

Y ellos nos piden la mitad de ese tiempo para cuando ya no cuentan con la fortaleza para soportarse a sí mismos. Y miramos para un costado. Nos convertimos en ciegos, en sordos y muchas veces en mudos para ni siquiera soltar un “te quiero viejo/a”, esas simple tres palabras que para ellos es como una panacea.

Por eso quiero recordar una de las tantas frases que a los ancianos les deja el Papa Francisco: "Qué bello es el aliento que el anciano logra transmitir al joven en busca del sentido de la fe y de la vida! Es verdaderamente la misión de los abuelos, la vocación de los ancianos. Las palabras de los abuelos tienen algo de especial para los jóvenes. Y ellos lo saben. Las palabras que mi abuela me dio por escrito el día de mi ordenación sacerdotal, las llevo todavía conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo, y me hacen bien"

Los ancianos son hombres y mujeres con nombre propio e historia, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, que soñaron nuestros sueños, que libraron la diaria batalla por una vida digna no sólo para ellos, sino también para nosotros.

De hecho, los ancianos somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho. Algún día sentiremos la nostalgia del buen trato, de la cercanía, de la palabra amable, de la gratitud. Hay que acortar las distancias y volver a acariciar las manos que nos acariciaron, sabiendo que quien abraza a un anciano se abraza a sí mismo.

Individualmente o como sociedad, todos debemos saber dar esa caricia, apreciar su sonrisa, valorar las arrugas, sentir el respirar sabio y la mirada tierna. Es un ejercicio que siempre nos hará bien, que mejorará nuestra relación con el universo y que sembrará una buena causa para que el futuro nos favorezca. Sepamos que la vida nunca olvida los buenos gestos, entonces amemos a esa existencia, a esa savia que se derrama para alimentar nuestro espíritu, antes de que seamos viejos. 

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Bossio