Mendoza,

de
de

 

Jorge Bossio

Hipatia

Hay tantas circunstancias que le dan valor a esta mujer, que vale la pena prestar atención a su vida. Desde el contexto en el cual vivió (355-415 D.C.) hasta el “zafarrancho” que hizo con la filosofía y las matemáticas. Pero además, le podemos agregar dos datos más que sugerentes: la fecha de su muerte, 8 de marzo y la forma de morir, lapidada y quemada.

7/3/2017

Fue una mujer fuera de espacio y de tiempo, hija del matemático y astrónomo Teón, profesor del Museo de Alejandría, el cual, fundado por Ptolomeo, era en la época una auténtica universidad a la que asistían alumnos ansiosos de instruirse en las ciencias y la filosofía.

Hipatia trabajó junto a su padre en la preparación de textos para los alumnos (entre otros el de los Elementos de Euclides, que reeditó críticamente) y escribió comentarios sobre la Aritmética de Diofanto, el Almagesto de Tolomeo y las Crónicas de Apolonio.

Se interesó además por los mecanismos prácticos que usaban para el trabajo en astronomía, elaborando tablas de los movimientos de los cuerpos celestes, aunque se consagró principalmente al estudio y a la enseñanza de las matemáticas. Entre sus discípulos más destacados estuvieron el obispo Sinesio de Cirene, Hesiquio de Alejandría y Orestes, que llegó a ser prefecto romano de Egipto.

Fue una mujer que escribió sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios —instrumentos para determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste— e inventó un densímetro, por ello está considerada como una pionera en la historia de las mujeres y la tecnología.

Por su parte, los movimientos feministas la han reivindicado como paradigma de mujer liberada, incluso sexualmente, aunque, según la Suda, enciclopedia bizantina, estuvo casada con otro filósofo —Isidoro— y se mantuvo virgen.

Hipatia fue asesinada a los 45 o 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento), linchada por una turba de cristianos. La motivación de los asesinos y su vinculación o no con la autoridad eclesiástica, ha sido objeto de muchos debates.

El asesinato se produjo en el marco de la hostilidad cristiana contra el declinante paganismo y las luchas políticas entre las distintas facciones de la Iglesia, el patriarcado alejandrino y el poder imperial, representado en Egipto por el prefecto Orestes, ex alumno de la filósofa.

Sócrates Escolástico, el historiador más cercano a los hechos, afirma que la muerte de Hipatia fue causa de «no poco oprobio» para el patriarca Cirilo y la iglesia de Alejandría, y fuentes posteriores, tanto paganas como cristianas, le achacan directamente el crimen, por lo que muchos historiadores consideran probada o muy probable la implicación de Cirilo, si bien el debate al respecto sigue abierto.

Pero más allá de los hechos y de los decires, Hipatia fue una mujer fuera de tiempo y de espacio, aunque si uno hila muy finamente la historia, se puede afirmar que su existencia, encendió una breve llama que motivó a otras muchas mujeres a nadar contra la corriente de las tradiciones y a seguir alimentando ese candil hasta llegar a nuestro presente. Como el caso de Nellie Bly, que comentáramos hace un tiempo atrás en esta columna.

Hipatia revolucionó una generación, en Alejandría, cuna cultural absoluta. Asustó su valentía, pero también su gran capacidad e inteligencia y, en especial, la forma abierta e indiscriminada de enseñar a personas de todas las religiones.

Y hace 1602 años, un 8 de marzo exactamente, unos enajenados creyeron que lapidándola y calcinando su cuerpo, ocultarían para siempre las virtudes de Hipatia. Ni siquiera quemando la Biblioteca de Alejandría donde estaban sus escritos, lograron acallar su voz y su presencia en la historia. Justo, cuando llegamos a otro 8 de marzo, en este caso el Día Internacional de la Mujer, brindamos este homenaje a la filósofa Hipatia, o mejor, simplemente a una mujer.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Bossio