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Jorge Bossio

Cosme y Catalina, los olvidados de la Bandera

El 27 de febrero, hace 205 años, se izaba por primera vez, la bandera de la Patria. A orillas del Paraná, a un costado de la batería Independencia. La historia, esa injusta olvidadiza, generalmente sepulta con un manto cruel a personas comunes que tuvieron destacado protagonismo.

1/3/2017

El propio Manuel Belgrano fue un gran olvidado de la Patria, desde la confrontación que recibió por parte de la Junta de Gobierno central y del propio Bernardino Rivadavia, cuando izó la bandera aquel 27 de febrero de 1812, hasta su propia muerte ocurrida en medio del olvido y de la casi pobreza.

Pero hubo otros olvidados que tuvieron su protagonismo en ese histórico momento a orillas del río Paraná en la Villa del Rosario. Como siempre pasa en el recuerdo de la historia, sólo se refleja a los bronces, pero los seres de carne y hueso, no permanecen fijos en la memoria de los pueblos.

Por eso es importante, cuando se acerca la celebración de los hechos que marcaron el camino de una Nación, hurgar todo lo que se pueda para, aunque un poco tarde, darles relevancia. Con respecto al izamiento de la enseña patria, voy a rescatar a dos de ellos: Cosme Maciel y María Catalina Echevarría de Vidal.

Cosme había nacido en 1784 en Santa Fe y tuvo una activa participación en la lucha por la independencia. Participó en la batalla de San Lorenzo, colaboró en la construcción de naves para Belgrano y también en las luchas intestinas de su provincia.

Pero un día trascendente para la vida de Maciel, fue cuando estaba terminando de participar en la instalación de la batería Independencia sobre la barranca, detrás de la Iglesia. Belgrano se acercó y le dijo: “Vea si está corriendo la cuerda que até bien la bandera para elevarla bien alta, como deben mantenerla siempre".

En un reportaje ofrecido en Buenos Aires en 1848, dos años antes de su muerte, Maciel relató: "Fue para mí lo inesperado de tan grata sorpresa, que repitiendo el hecho en todas partes, al verme pasar me apodaban en los fogones de los campamentos: "Ahí viene la bandera de Belgrano".

Desterrado en Buenos Aires por Estanislao López, se instaló en el costado sur del Riachuelo y luego de su muerte, a ese lugar se lo conoce como la Isla Maciel.

El otro recuerdo es para María Catalina Echevarría de Vidal. Belgrano había aceptado alojarse en la casa de Vicente Anastasio de Echevarría, vecino de la Villa del Rosario y hermano de María Catalina.

La necesidad de tener un símbolo distintivo para su ejército, decidió a Belgrano a pedir la colaboración de la mujer para su confección. El 20 de febrero deslizó la idea en una charla privada. Ella aceptó encargarse de la tarea de inmediato.

Supervisada por Manuel Belgrano, compró telas, unió los retazos celeste y blanco y agregó hilos dorados a la terminación, una tarea artesanal que demandó al menos cinco días y para la que necesitó asistencia de dos vecinas.

Sin embargo, durante 200 años los homenajes jamás alcanzaron a María Catalina Echevarría de Vidal, la hija de inmigrantes vascos que forma parte de la historia argentina por un simple giro del destino. Recién ahora se ha impuesto una placa en el monumento a la Bandera recordando el papel que le correspondió en esa gesta.

El último recuerdo es precisamente para la bandera, para esa bandera, la primera, la izada por Cosme Maciel y confeccionada por María Catalina Echevarría de Vidal.

Esa bandera aún existe, pero no está en la Argentina sino en Bolivia. Luego de Vilcapugio, Belgrano la ocultó en el pueblo de Macha. En 1885 fue hallada en la capilla de Titiri y actualmente permanece en el Museo “Casa de la Libertad”, en Sucre.

En la historia, los olvidos son frecuentes, a veces por intereses diversos y otras por la humildad de los protagonistas. Pero ser más o menos héroe no siempre lo da la cantidad de bronce, sino esos pequeños hechos que la Patria, sí, no debe olvidar.

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