Mendoza,

de
de

 

Jorge Bossio

La asesina silenciosa

Está por todas partes, pero no se la ve. Ataca sin misericordia, hasta con desenfreno, pero pocos se ocupan de controlarla porque son menos los que saben de su existencia y del peligro que representa.

6/2/2017

Cuando mencione de quién se trata, seguramente más de uno dirá: “Pero en Mendoza no está, acá no tiene espacio”. A esos ingenuos les diría que suban al cerro Arco o algún lugar de similar altura y observe la ciudad de Mendoza por la tarde. Más allá de la belleza de la ciudad, podrá ver a pocos metros de altura, una capa de casi imperceptible color marrón que cubre nuestra capital y alrededores: es la contaminación, o smog, que ya está con nosotros.

Ese mismo ingenuo, socarronamente, agregará que “esto no es Santiago de Chile, ni el DF de México, ni Madrid”, y en números le daré la razón. Pero esas ciudades alguna vez estuvieron como nosotros ahora, y no hicieron nada. Y ahora están como están.

Me detengo en Madrid, en donde los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) son muy preocupantes, pero que también coexiste con el ozono, el dióxido de azufre y otras partículas nocivas. Todo se produce por la combustión a altas temperaturas de los motores de autos, o de la calefacción o el aire acondicionado.

Su alta concentración es considerada muy peligrosa por la Organización Mundial de la Salud, que la asocia a posibles inflamaciones severas de las vías respiratorias. De hecho, si hay cierta dificultad para respirar, un cansancio mayor del habitual, fatiga al hacer tareas cotidianas o malestar al hacer ejercicio, es posible que tenga que ver con la alta presencia de NO2 en el aire.

Un informe del Banco Mundial, que recogía datos relativos a 2013, explicaba que la exposición a altos niveles de contaminación atmosférica provoca 5 millones de muertes prematuras al año en el mundo. Otro estudio, del Instituto Tecnológico de Massachussets, responsabiliza al aire contaminado de más de 200.000 muertes tempranas en Estados Unidos.

¿Cómo se concreta esa incidencia? Suele traducirse en la agudización de enfermedades respiratorias crónicas, como asma o EPOC, porque la contaminación es también un elemento facilitador de infecciones en las vías respiratorias. Afecta especialmente a personas en edades extremas de la vida, ancianos y niños.

Pero los especialistas añaden que la polución es responsable de factores de riesgo como el cáncer de pulmón o desencadenante del asma. También afecta al sistema cardiovascular, pues aparece frecuentemente en el infarto de miocardio y la angina de pecho, y en el sistema neurológico.

¿Podemos hacer algo para detener a esta “asesina silenciosa”? Claro que sí. El Estado, empezando a reconocer el problema y tomar medidas preventivas y de asistencia. Mendoza está cada vez más transitada por vehículos y no se pone límites. Se llama planificar a largo plazo.

En cuanto a nosotros, sabida de la existencia de la contaminación del aire, en las horas pico, de 19 en adelante, evitar estar, si se puede, en los lugares más transitados por vehículos, no hacer  ejercicios en esos horarios para no aumentar la respiración de sustancias tóxicas y especialmente proteger a los más vulnerables, ancianos y niños.

Esta responsabilidad pasa por hacer un buen uso de la calefacción, por apostar por el transporte público o porotros modos alternativos, por gastar energía responsablemente. En definitiva, pasa por llevar a cabo una transformación que afronte las causas de la polución y modifique nuestras maneras de comer, de movernos y de calentarnos.

Está entre nosotros, no la vemos, creemos que todavía no nos hace daño, pero sí. La “asesina silenciosa” comienza a crecer en  nuestra ciudad y por supuesto porque colaboramos para que ello suceda. Estamos a tiempo para observarla, para reconocerla, para combatirla, antes de que sea demasiado tarde. Estamos a tiempo de ser la “justicia” que detenga esta “criminal” que nos acecha.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Bossio