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Jorge Bossio

Nellie Bly, el mito de mirada aguda

Uno puede imaginarse, un día como hoy, a una periodista pararse frente a su editor y decirle: “Me voy a Oriente a cubrir un conflicto bélico o a Centroamérica a hacer una nota sobre un terremoto”. Y el responsable del medio aceptando la propuesta. Pero esta misma situación, de producirse hace 120 años, es casi imposible de creer. Casi.

31/1/2017

Elizabeth Jane Cochran, nacida de familia acomodada, es un mito. Claro que no con ese nombre, sin con su apelativo, Nellie Bly. Si uno quisiera hacer un resumen valioso de las principales acciones que marcaron la vida de Nellie, puede afirmar que fue la primera periodista de investigación, una de las creadoras del periodismo encubierto, que dio la vuelta al mundo en mucho menos de 80 días, ante el desafío incluso del mismísimo Julio Verne.

Abrió caminos; en toda su corta vida fue rica y pobre, se rebeló contra todo y todo lo logró. Mujer, feminista, pionera, precursora del periodismo de investigación y encubierto, fue un mito viviente del arte de escribir, cuya intrepidez la hizo pasar por loca, por empleada de una fábrica de cajas y por criada de una familia rica.

Por eso fue mito, porque a fines del siglo XIX nadie podía creer en la aparición de Nellie Bly. Cuando en un periódico local la quisieron colocar en las tradicionales secciones femeninas, dijo que no y se fue. Estaba entrenada para los retos y por eso recaló en el New York World, justo el periódico de Joseph Pulitzer, el que luego sería inspirador del máximo galardón que tenemos los periodistas. Él vio valor en ella y la contrató.

De tantas historias, la más recordada es cuando se internó voluntariamente en un manicomio engañando a los médicos y sin saber cómo iba a hacer para salir. “El 22 de septiembre de 1887, el World me pidió si podía internarme en uno de los sanatorios para enfermos mentales de Nueva York...”. Así comienza la crónica de Bly. La idea era escribir un relato sencillo, sin barnices, sobre el tratamiento de las pacientes en tal institución.

Y Bly apuntó un detalle especialmente terrible: desde que entró en el centro no simuló locura, no mantuvo su personaje de demente, sino que habló y actuó como lo hacía en su vida real. “Y aunque suene extraño, cuanto más sensatamente hablaba y actuaba, más loca me creían”. Y de esa experiencia salió la historia: “Diez días en un manicomio”.

Un día, Nellie Bly se presentó ante su editor del World con su idea de viaje global. Pero éste le soltó: “Es imposible para ti hacer un viaje alrededor del mundo. Primero porque eres una mujer y necesitarías protector, y además, aunque pudieras viajar sola, necesitas tanto equipaje que te sería imposible ir rápida...”. Ella respondió: “Muy bien, manda a un hombre, que salga ya... Yo partiré el mismo día y lo escribiré para otro diario...”. Lo consiguió.

En el medio del viaje, se encontró con Julio Verne en persona que le dijo en su casa de Francia: “Si consigues dar la vuelta al mundo en 79 días, te aplaudiré con ganas”. ¿79 días? No sabía con quién estaba hablando. Ella era Nellie Bly, joven, guapa, decidida. Una intrépida periodista norteamericana. Rareza de un oficio entonces sólo de hombres.

Ella iría mucho más rápido que Phileas Fogg. Y salió corriendo para no perder el tren hacia su siguiente destino. Lo consiguió en 72 jornadas, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos. Su gira batió el récord del momento. Había comenzado el 14 de noviembre de 1889 en Hoboken y terminó en Nueva York el 25 de enero de 1890. Pasó por Londres, Calais, Brindisi, Port Said, Ismailia, Suez, Adén, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco... y vuelta a casa.

Llegó a cubrir la convención de 1913 a favor del sufragio femenino y fue la primera corresponsal en la Primera Guerra Mundial informando desde el frente del Este. Dicen que hasta es pionera de la navegación sin compañía de un hombre.

Nellie Bly, la primera periodista de investigación, la mujer de los retos, la mirada aguda, el mito. Todo 120 años atrás, en un mundo en donde la mujer era transparente. Pero ella no, fue visible, fue distinta y dejó huella.

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