Mendoza,

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Jorge Bossio

Una isla que todos tenemos dentro

Hace más de 200 años que fue publicada. Su personaje principal ha despertado por años la ansiedad de aventuras, el logro de proezas, pero también algún cuestionamiento relacionado con la religión y el racismo.

Fue traducido a decenas de idiomas y ha tenido un sinnúmero de versionas, algunas más cortas y otras con la totalidad de las historias narradas en su versión original. Se han hecho gran cantidad de series y películas, la última de ellas, “Náufrago”, de Ron Howard.

Dicen que es uno de los libros con el título original más largo de la historia, porque su autor, Daniel  Defoe, la escribió en 1791 y la tituló como ‘‘La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, marinero de York; quien tras ser el único superviviente de un barco mercante, náufrago veintiocho años completamente solo en una isla deshabitada cerca a la desembocadura del río Orinoco de América, y posteriormente liberado insólitamente por piratas; escrito por él mismo".

Robinson, ese que cuando niño (o no tanto) nos despertó la sed de aventuras en cuanto rincón de nuestro barrio o lugar de infancia, asemejaba a una isla desierta o nos adentrábamos tratando de ver un peligró detrás de cada matorral. O un Viernes apareciendo de improviso perseguido por caníbales.

Recuerdo mi primera lectura que empecé el sábado a la tarde y terminé entrado el domingo, sin poder parar, sin poder despegarme de cada detalle, de cada momento, de cada aventura. Y el comentario con los amigos, con mi padre buscando en mi corta memoria cuántas islas conocía que podría acercarme andanzas similares.

Pero ahora de grande, deslizados de mi cuerpo los harapos de niño, también tengo que reconocer que “Robinson Crusoe” tenía un costado cuestionable. No estoy pinchando globos, estoy tratando de no engañarme tan fácilmente con las aventuras, sin dejar de lado aspectos que hoy en día se pueden cuestionar.

Sin bien hay que destacar que la novela hace hincapié en la fortaleza para superar adversidades, el no bajar los brazos, el no rendirse, has aspectos que hoy se pueden criticar, teniendo a la vista la evolución de la humanidad desde hace 200 años.

Por eso no quiero dejar de lado el contexto en la cual fue escrita, lo que no justifica aceptar la realidad que hoy nos toca vivir. El tema del racismo, la esclavitud, y el colonialismo cultural y religioso. Recordemos que Defoe era inglés, imperio que en 400 años llegó a esclavizar a 20 millones de personas. Incluso al final de la historia, la isla es referida como colonia británica, si bien estaba ubicada en la zona cercana a la desembocadura del río Orinoco.

También en su relación con Viernes, en donde Crusoe es el europeo educado y su “esclavo” es el “salvaje” que sólo puede ser salvado a través de la asimilación de la cultura europea. Y a eso hay que agregar el aspecto religioso, ya que el autor, un profundo protestante presbiteriano, hace que su personaje, durante toda la narración rece, lea la Biblia y convierta a Viernes al cristianismo.

Hago todos estos comentarios, porque un día como hoy, pasados 330 años, es la fecha en que Defoe pone en el calendario como el día en que Robinson Crusoe salió de la isla, salvado por unos piratas, 28 años después de haber llegado.

Pasado tanto tiempo, siguen existiendo en el mundo islas (o territorios) como la de Robinson, en donde existe el racismo, la esclavitud, y se idealiza la relación señor-lacayo como normal. Por eso, más allá de la lectura de la novela, es bueno tener en claro los aspectos de la dignidad de las personas. Todos tenemos una isla como esa adentro, lo bueno es erradicar los aspectos poco edificantes y ensalzar aquellos que tienen que ver con la fortaleza ante las adversidades. Para que parezca más humano.

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