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Jorge Bossio

Podemos ser “los últimos de Filipinas”

A lo largo dela historia podemos observar actos en donde los seres humanos ponen en juego toda una fortaleza para hacer frente a eventos, obstáculos, circunstancias, crisis, que se imponen para avasallarlos.

5/12/2016

Quien podría olvidar al hombre del tanque, ese desconocido que se paró en frente de todos los tanques en la Plaza de Tiananmen, en China. Tan épico como fue este acto de resistencia, hay otros ejemplos clásicos que han girado cerca del mismo material de la historia del hombre del tanque.

Podemos recordar a Rosa Parks, una mujer de color que en medio de la persecución racial en los Estados Unidos, un día decidió sentarse en el sector de los “blancos” en un colectivo y pese a los embates del chofer y otros pasajeros, sólo se levantó cuando la llevaron presa. Ese simple acto, desató una de las resistencias más impresionantes de la comunidad de color, encabezada por Martín Luther King que logró que se levantará esa prohibición.

Pero hay otro tipo de resistencias, de esas que uno no encuentra explicación por las circunstancias, por las condiciones, pero que en el fondo rescata la fortaleza, aunque sea equivocada, de los seres humanos.

A propósito del reciente estreno de la película “1898. Los últimos de Filipinas” me interesó reflejar esa histórica resistencia acaecida en Filipinas, en plena retirada de España de lo que fue su colonia en las cercanías de China.

Fue en un pueblo llamado Baler, en donde 57 españoles resistieron durante 337 días los embates de las fuerzas rebeldes superiores en número. Era una época aciaga del imperio español que iba perdiendo una a una todas las colonias que tenía en incluso la propia Cuba había querido ser comprada por los Estados Unidos en cien millones de dólares. Como España había rechazado la oferta, el gigante del norte comenzó a colaborar con todos los grupos rebeldes que querían independizarse de la península.

Uno de esos casos fue Filipinas en donde una nave de guerra norteamericana colaboraba con los independentistas bombardeando posiciones españolas. Finalmente España abandonó Filipinas. Lo que no sabía, que en el pueblo Baler, 57 soldados del Segundo Batallón de Cazadores se habían refugiado en una iglesia de 30 por 10 metros y resistían el ataque de los rebeldes.

Fue casi un año de resistencia, en donde se mezclaban bombardeos, balazos, treguas. En el medio, los filipinos les decían a los españoles que ya España se había retirado, lo que era cierto, pero como las comunicaciones no existían, los que resistían temían que fuera una artimaña. Así durante esos largos 337 días en donde el enemigo más grave fue el beriberi la enfermedad que atacaba a los cuerpos con nada de vitamina B.

Un diario español fue lo único que los hizo darse cuenta que España ya no estaba en la isla y ahí comenzaron a negociar la rendición. Lo que quedaba del destacamento abandonó el que había sido su hogar durante 11 meses el 2 de junio de 1899, tras 337 días de heroica. Con todo, la defensa no había salido barata pues, del más de medio centenar de hombres que habían entrado en el templo hacía casi un año, 15 habían muerto por enfermedad, 2 habían fallecido por las balas filipinas, 6 habían desertado y otros 2 habían sido fusilados por el propio Cerezo después de que intentaran pasarse al enemigo.

Quizás el móvil de esa resistencia no sea heroico, porque los argumentos libertarios estaban del otro lado, pero la terquedad de estos soldados atados a variados motivos, me hace acordar a la decenas de soldados japoneses que siguieron décadas después de finalizad a la Segunda Guerra Mundial, escondidos solitarios en otras tantas islas.

Ese espíritu que forma parte de cientos de hombres como el chino parado frente al tanque o Rosa Parks sentada en el asiento equivocado del micro. O tantos anónimos que en cualquier sociedad decide resistir ante la imposición. Hay tantos “últimos de Filipinas” a nuestro alrededor y tal vez, en algún momento, descubramos que nosotros podemos ser uno de ellos.

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