Mendoza,

de
de

 

Jorge Bossio

La baldosa de Fayt

El fallecimiento del exintegrante de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Carlos Fayt, puso en la superficie de la opinión pública toda su trayectoria, sus fallos, los embates que sufrió, en síntesis, una vida dedicada a la administración de justicia.

28/11/2016

Pero quiero remitirme a un excelente análisis de su vida, hecho por el periodista Edgardo Moreno que se basa en una frase dicha en el medio que los ataques que la expresidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, descerrajó contra Fayt: “Los jueces no salen  de debajo de una baldosa”.

Es cierto, tiene razón la actual visitante continua a los tribunales de Comodoro Py. Jueces como Fayt deben nacer de un mejor lugar que un oscuro y húmedo revés de una baldosa. Recuerda el analista que en ocasión del ataque, por su edad, el juez salió de su automóvil sin mencionar palabra. Pero poco después, envió a su chofer (sutileza propia de su genialidad) con un papel que rezaba: “Los hechos son sagrados, el comentario es libre”. Una antigua máxima del periodismo británico, expuesta por C.P. Scott, editor del diario The Guardian.

Es que Carlos Fayt había sido objeto del más denigrante y violento ataque por parte de la dirigencia política, encabezada por Fernández de Kirchner. Desde Justicia Legítima, la agrupación de jueces y fiscales adeptos al Gobierno y encabezada por María Laura Garrigós de Rébori, pasando por el periodista Horacio Verbitsky y la comisión bicameral presidida por la mendocina Anabel Fernández Sagasti, todos cuestionaron, atacaron y denostaron al supuestamente débil juez de la Corte.

Tuvo conducta y ética para pronunciar frases como “la muerte no absuelve culpas ni construye la virtud”, dichas desde la profundidad del conocimiento y la ética, muy lejos de la superficialidad de los embates mezquinos que recibía.

La presidente entonces utilizó lo que se llama, tirar el nombre y la trayectoria del juez, “a los perros” representados por los medios de comunicación más afines al Gobierno. Ellos citaron a grafólogos para opinar sobre los trazos temblorosos de Fayt o gerontólogos que pretendían interpretar su capacidad neuronal.

El juez no contestó, por lo menos no con palabras. Fue con su actitud, con la validez de sus fallos, apareciendo de improviso en Tribunales, poniendo su cuerpo frágil y anciano para respaldar su profundidad doctrinaria, eje fundamental de su permanente lucha por la división de los poderes, principio democrático que otros olvidaban o dejaban de lado, por espurios intereses.

Y seguía poniendo fallos ejemplares y controvertidos, específicamente el relacionado con la Ley de Medios Audiovisuales, esos que tocaban la médula más sensible del Gobierno, sosteniendo que “sin libertad, el destino de un país sería una democracia desmembrada”.

No le preocupó ni lo influyó si su fallo molestaría a los otros dos poderes, él simplemente pensó en el ciudadano común, generalmente debilitado e indefenso ante los tres poderes del Estado. Al ignoto quería garantizarle un mínimo de libertad e independencia.

Como decíamos al principio, la conducta, la ética, la coherencia, no se encuentran en el húmedo revés de una baldosa. Vienen en envases a los que no todos tienen acceso y si los tienen, muchas veces no son convenientes a los intereses que esgrimen.

Carlos Fayt fue uno de esos seres humanos que más allá de estar formados en el socialismo, se sacó todo ropaje y dejó al descubierto la esencia de una persona cabal que no rindió sus principios ante nada ni nadie. Si hasta la muerte no se atrevió a venir a buscarlo y fue la vida, la que consensuó con él, “hasta acá llegamos”. Y él, digno hijo de la ética y la conducta, se calzó su mejor sombrero, miró de reojo y con su mejor sonrisa, se fue caminando.

Te puede interesar

te puede interesar también...
Visitá la sección Jorge Bossio