Emilio Vera Da Souza everadasouza@gmail.com Miercoles, 24 de Abril de 2019

En estos tiempos seguimos perdidos

Miercoles, 24 de Abril de 2019
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Miercoles, 24 de Abril de 2019 |

Un tiempo atrás pensé que estábamos perdiéndonos y ahora en estos nuevos tiempos, ¿estás todavía allí ? ¿O no? 

Algunos siguen soñando con llegar a fin de mes y otros abandonaron sus remedios o sus costumbres o no saben cómo hacer con sus hijos o sus padres o con ellos mismos.

Vos... ¿seguís allí? Esto es para vos, que no te veo ni sé tu nombre ni me importa saberlo.

Pero te vi. Ya te vi. En el asiento del micro, mientras leías el diario, con los auriculares puestos.

Te vi. Y no sé tu nombre. Pensé que no tenías miedo y yo tenía que callarme porque te toca a vos hablar, denunciar, decir, confrontar, pedir, exigir. Mientras yo sigo perdido y me llamo a silencio. Para que algunas puedan alzar la voz. Gritar. Putear. Y yo les pido silencio a esos que ya hablaron por demás.

Por otras calles andan algunos, otros piensan que tienen conexión wifi con dios. Un dios que todo lo ve... menos las mujeres que mueren por abortos a escondidas y no ve a los niños abusados en los conventos de perversos sin remedio.

¿Seguís allí? Te veo, caminando por las calles de mi ciudad, tratando de esquivar las noticias falsas escritas en oficinas de marketing a la hora de la siesta en lugar de estar andando mejores destinos y ver las crueldades de la naturaleza que a veces no tiene nada de sabia.

Vos, que hacés cola en la ventanilla del supermercado de tu barrio para pagar y que no te corten la luz. Vos ¿seguís allí?

Te veo por las calles de mi barrio, que es como cualquier barrio, donde por estos días un poco más fríos, se siente en el aire el olor a maderas quemadas para poder cocinar porque ya no hay gas.

¿Hay alguien allí?

Veo imágenes como fotos en mi imaginación, de cárceles llenas de pibes rateros, chorros, asaltantes, sin futuro, sin ropa, sin amor y sin trabajo.  

Cárceles vacías de poderosos que pueden pagar abogados, impunes, pegadores de esposas que los sábados se juntan en las peluquerías a contar historias de otros, sin decir por qué tienen los ojos tapados con lentes comprados de oferta en el lobby de un hotel de playa, todo incluido, menos la dignidad y el respeto, y la libertad.

¿Seguís todavía allí?

No te has ido. Porque en estos tiempos cuando ya todos estamos extraviados, hay policías del FBI y gendarmes, y espías sin guerra fría, traficantes de grabaciones telefónicas, y escribas prepagos, mintiendo, operando, acusando, señalando, apuntando con el dedo, con fotos, con miras telescópicas como francotiradores en las terrazas de los edificios con expensas más altas que los sueldos del portero.

Algunos se quedan. Pero otros se van, como los abuelos que bajaron de los barcos. Se van, cansados, solos, sin sopa, sin amor y sin trabajo. Se van no saben adónde, pensando llegar donde puedan ver algo mejor. Buscando cuevas. Buscando algo que acá no hay. Cualquier cosa... algo.

Mientras, algunos piensan que el arte puede contar lo que deberían decir los que nada dicen.

Mientras otros esperan, paso a paso, un plan perfecto para no tener que hacer el esfuerzo, ni estudiar, ni pensar, ni correr, ni mirar, ni saber.

Si fumar fuera sano, si los perros no ladraran a las motos, si saltar sobre el techo de los autos estuviera permitido, si darte besos fuera posible, si los teléfonos te dejaran hablar, si las tarjetas de crédito tuvieran crédito, si las medias vinieran llenas de agujeros de fábrica, si los platos tuvieran lo que tienen adentro las botellas de champú, ¿vos seguirias allí? Yo puedo verte, lejana, y pienso cómo sería compartir esas viejas canciones que no podemos escuchar...

En estos tiempos, cuando la leche vale más que el petróleo, cuando la policía cuida que nadie deje de pagar el pasaje.

En estos tiempos donde hay que pedir permiso a la cana para darse besos en lo oscuro, aunque tengamos ley de matrimonio igualitario.

En estos tiempos que todos son tan correctos y escuchan las voces de la radio y la televisión que les dicen qué hacer, cómo pensar, qué elegir, qué pensar, algunos no queremos quedar bien con los que tienen compromisos contraídos con anterioridad, sigo sin tener lateralidad.

Desde que era niño, sólo tengo dos lados izquierdos y sigo aquí. Con los que nada tienen que perder. Ni un perro que nos ladre. 

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