Emilio Vera Da Souza everadasouza@gmail.com Miercoles, 27 de Febrero de 2019

Algunos escritores andan diciendo

Un periodista hoy injustamente olvidado, Mariano José de Larra, fue un sagaz observador de la realidad y un gran escritor. Escribió “El corazón de un hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. Cuando tenía 27 años, se suicidó en Madrid en el año 1837.

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Miercoles, 27 de Febrero de 2019 | Un periodista hoy injustamente olvidado, Mariano José de Larra, fue un sagaz observador de la realidad y un gran escritor. Escribió “El corazón de un hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”. Cuando tenía 27 años, se suicidó en Madrid en el año 1837.

Un viejo tratado de asqueroso, de borracho, de inmundo, solía escribir algunos textos impecables. Algunos pensaban que era el último beat o el primer punk de la literatura norteamericana. Charles Bukowski en su novela Escritos de un viejo indecente de 1969 escribió: “La diferencia entre un valiente y un cobarde, es que un cobarde se lo piensa dos veces antes de saltar a la jaula con un león. El valiente simplemente no sabe lo que es un león. Sólo cree que lo sabe”.  En una extensa y maravillosa entrevista publicada como libro, dijo “Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo. La gente enamorada a menudo se ponía cortante. Perdían su sentido de la perspectiva. Perdían su sentido del humor. Se ponían nerviosos, psicóticos, aburridos. Incluso se convertían en asesinos”.

“Ninguno de nosotros sabe bien cómo usar el sexo, qué hacer con él. Para la mayoría de la gente el sexo es sólo un juguete, para echarlo a correr. -¿Qué hay del amor? –preguntó Valerie. -El amor está bien para aquellos que pueden soportar una sobrecarga psíquica. Ese libro, se titula con una frase que dijo cuando le preguntaron “¿qué es lo que más le gusta a Bukowski? contestó: “Lo que más me gusta es rascarme los sobacos.”
“Ojalá coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos, ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones. Ojalá.” dijo Bukowski.
Otro grande, física y literariamente, dijo que “hay que escribir duro y claro sobre las cosas que nos hieren.” Ernest Hemingway ganó un Nobel en 1954 y cuando ya estaba de vuelta de su alcoholismo, cansado, se pegó un tiro en la cabeza con una escopeta y estampó sus sesos con su sangre en la pared a los 61 años.
Se atribuye a Hemingway (autor de “El viejo y el mar”, “París era una fiesta” y “Por quién doblan las campanas”) haber ganado una apuesta consistente en escribir un drama en seis palabras: “Se venden zapatos de bebé. Nunca se usaron”.  La síntesis perfecta de un drama perfecto.
Jack Kerouac, fue el autor de una novela de lectura obligatoria: “En el camino”. Hablaba de la pobreza, de los trabajadores, de espiritualidad, del jazz y sobre todo de las vidas de los miserables y de los que ya estaban rotos. Desde el movimiento beat, fue uno de los precursores de los hippies. Murió a los 47 años de una hemorragia por cirrosis. Escribió: “Nuestras maltratadas maletas fueron amontonadas en la acera otra vez; tuvimos más maneras de ir. Pero no importa, el camino es la vida”.
Antonio Machado, español republicano perseguido por el franquismo fascista, murió en el exilio, lejos de su tierra, entre la miseria y la dignidad. Escribió con una belleza incomparable, versos que todos conocemos por las canciones del catalán Joan Manuel Serrat.
Dijo Machado, pensando quizá en estos tiempos, futuros para él, de posverdad:  “Se miente más de la cuenta / por falta de fantasía: / también la verdad se inventa”.
Y añadía: “¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad”.
Paul Auster escribe en inglés, su lengua de nacimiento por ser de Nueva Jersey, pegadito a Nueva York. Es novelista, guionista y director de cine. Un hombre de vida intensa y de escritos duros. Dijo en su libro “Brooklyn Follies”: “Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer; por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor”.
Juan Gelman, el querido Juan, autor de las más bellas poesías universales, buscador incansable de su nieta desaparecida por los apropiadores de vidas y bienes durante la dictadura autodenominada “Proceso de reorganización nacional”. Juan encontró a su nieta y escribió “¿y si Dios fuera una mujer?” y luego descansó.

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