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Emilio Vera Da Souza everadasouza@gmail.com Miercoles, 30 de Mayo de 2018

Más rápida que la verdad

Circulan y proliferan con comodidad. En estos tiempos viajan más rápidamente por medio de Internet y los satélites, y se difunden por las redes exponencialmente.

Miercoles, 30 de Mayo de 2018

No reconocen origen. Pareciera que los iniciadores son desconocidos pero sí se puede rastrear su procedencia y, en algunos casos, conocer las verdaderas intenciones del iniciador. Algunos usan nombres apócrifos, pero son autores reales. Los usuarios de redes sociales, aunque no sepan quién lo hizo o cuáles son las intenciones,  lo mismo lo copian y lo pegan, lo comparten, lo comentan, lo expanden. Los que lo mandan no preguntan de dónde salen. La mayoría son textos aunque por la sofisticación de las técnicas de los interesados los producen con audios, a veces con voces alteradas y videos de origen no confirmado o realizados prêt-à-porter.
Otras formas sofisticadas de mostrarlo y generar interés es la utilización de imágenes muchas veces con irreconocibles montajes, caras cortadas, personas mutiladas, gráficas sangrientas, morbosas. Algunas tan fuertes que llegan a ser inmirables. Casi nadie deja comentarios defendiendo el uso de esa técnica empleada para confundir y oscurecer la verdad. Nadie a favor. Muy pocos criticando.
Algunos arriesgan comentario, lo más neutral posible, aunque se tientan y lo reproducen igual aunque sea con la excusa de mostrar el mal ejemplo... lo mismo se reproduce.
Los fanatizados lo multiplican a quemarropa.
Los religiosos como una oración salvadora.
Los místicos como una antigua letanía.
Los ultras, con disimulos de recato, para no ser descubiertos. Los recoletos, con toques de elegancia. Los irreflexivos, porque sí.
Los militantes porque está mandado.
Los escépticos para ver si no tenían razón.
Los locos, con estulticia. Los apasionados a borbotones y los incrédulos,  por las dudas.
Lo trasmiten los inteligentes perezosos y los estúpidos entusiastas. De todas maneras siempre un rumor es un rumor y su finalidad es enturbiar las posibilidades de una verdad comprobable. Un rumor nunca pierde la condición que le dio origen. Siempre es un rumor. Son datos sobre personas, sobre grupos de personas o situaciones generadas por personas que se difunden sin que se demuestre su veracidad. Muchas veces son creíbles, aunque no se muestre ninguna prueba, simplemente porque la cantidad de gente que los cree son muchas y el efecto es contagioso. Mientras más lo creen otros más están dispuestos a creerlo.
Los rumores son especulativos y buscan una reacción concreta como resultado final: que la verdad no se sepa o que si la verdad aflora, no sea tan creíble.
Al anonimato que brindan las comunicaciones en redes informáticas le dan una impronta de velocidad que hace que en muy poco tiempo el alcance sea posible y prácticamente global.
También se llaman Fake News (noticias falsas en inglés) y son otra forma de manipulación.
Se usan distintas plataformas para que se emplee eficazmente. En forma de arte, de opinión, de literatura, de humor, de crónica periodística.  Se usa con fines políticos, sectoriales, comerciales, estratégicos.  También en forma individual, para sacar ventaja de otro, para anularlo, para restarle credibilidad, para opacar sus antecedentes. Hay fakenews cuya finalidad original es divertirse, sin importar los efectos negativos que pueda generar en su recorrido. A veces es una broma, para reírse de alguien o de algo y terminan siendo leyendas o mitos sin asidero. Se han realizado pruebas para saber la velocidad con la que viajan y si se deforman con el paso entre los que lo difunden.
Una empresa puede no tener un medio de comunicación, pero nunca podrá evitar tener rumores. La manera eficaz de detener una noticia falsa es no difundir nada hasta no tener comprobación de su origen, que el emisor sea conocido, confiable o desinteresado. O las tres cosas juntas. Algo difícil en estos tiempos. Pero posible desde el convencimiento individual de no ser parte de intereses ajenos y desde posiciones solidarias con los que no se pueden defender de las consecuencias.

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