Mendoza,

de
de

 

Emilio Vera Da Souza

Mientras nos perdemos

En estos tiempos mientras algunos /sueñan con llegar a fin de mes / yo sueño con su imagen / y sus pelos con rastas sin destino.

28/11/2017

En estos tiempos

donde es más redituable asaltar al

recaudador de sadaic

que ser arquitecto de barrios privados,

yo sueño con escuchar las canciones

de su teléfono de malamuerte,

con sonidos de guitarras distorsionadas

a puro parlante de calidad china de Taiwán.

Mientras,

yo pienso lo que significa que

uno de nosotros pueda emigrar hasta

la frontera del país de los que no vuelven.

Mientras,

ella decide perderse de mí y

salir corriendo a buscar su libertad

sin darse cuenta de que nosotros

estábamos presos de nuestras pasiones

y era cuando más libres estábamos.

En estos tiempos,

donde la libertad de algunos jóvenes

vale menos que un pasaje de colectivo,

donde hay que pedir permiso

hasta para darse besos en lo oscuro

o para lavar autos para ganarse un billete.

En estos tiempos,

donde casi nadie critica a los que

podrían ser criticados

y nadie señala a los señalables

y nadie pisa el césped

y todos son tan correctitos y prolijitos

y arregladitos y perfumaditos,

yo te busco en cada esquina

grito tu nombre

aun sabiendo que no podés oírme y

no espero nada ¿no te das cuenta?

no queda whisky,

no escucho tu tos,

ni te espero el domingo a la noche

para vernos con la luz marchita

de las ventanas llenas de mugre en los vidrios que dan a la calle.

Y se escuchan los perros de los vecinos

y ruidos extraños a la madrugada.

Yo te miro

y sólo te imagino como si ocuparas

el lugar que tenías del lado del acompañante.

Y hay palabras cursis cada dos minutos

y no quiero saber nada de lo que se esconde detrás del humo y el silencio.

Lo peor es que nos perdimos por los labios de una foto, donde todas las fotos del mundo tienen labios y nadie recuerda donde queda la salida del bar.

Mientras, yo vivo un poco al norte apenas,

lejos de un italiano que tiene las ovejas de toda la familia de la mamá inglesa de Jimmy, dueños de este sur tan grande, tan sin nada, tan de nadie, tan de miedo.

Pienso en todas las estrellas que no alcanzan para iluminar las noches del cielo inmundo,

de los estúpidos que prefieren tapar el sol con una botella de un vino malo, intomable, más lleno de resaca que de sabor.

Algunas personas saben que yo no tengo lateralidad. Por un problema de salud.

Desde que era niño, mis manos no saben de derechas, sólo tengo dos izquierdas.

Entonces, sólo ando por arriba de las cosas,

pero a veces más por abajo.

Y camino por el oeste pero como si estuviera en el sur mientras sufro al norte con los tipos arriba y donde el piso es lo más profundo a donde podrían llegar los estúpidos que no pueden llegar a otros lados.

Pero eso no es impedimento para hundirse más para que sigan cavando, buscando sin saber el abismo y la nadería.

Mientras, yo busco las palabras adecuadas

y pienso que algún día podría ser que los que leen sepan que es mejor ser solidarios con los que nada tienen que perder, que ser lamebotas de los que ya no tienen nada que ganar,

porque se quedaron con todo.

Y prefiero acariciar el lomo de un perro callejero que podría morderme

porque está lleno de miedo,

que darle la mano a personas que están llenas de miedo

pero no dudan un instante

en mandarte en cana.

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