Mendoza,

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Emilio Vera Da Souza

Lo que tiene que saber un periodista

Para ser periodista hace falta encontrar alguna historia donde nadie más puede. Hace falta tener buenas palabras guardadas y una forma correcta del idioma, algunos sinónimos por rebusque, y dos o tres claras novedades de estilo para sorprender al otro.

29/8/2017

Ese otro no es ni más ni menos que el público, el lector, el destinatario, la opinión pública, el oyente, el televidente, el soberano. 

Un periodista necesita la idea original para enfocar la noticia, el compromiso con la tarea, el respeto con el soporte del que se vale y una singular forma de ver el mundo para luego montarse en eso y dedicarse a describirlo.

El periodista debe utilizar todas las herramientas que le brinda el destino: lapicera o material escribiente –una máquina, una computadora, un lápiz o alguien a quien dictarle. Puede usar grabadora para dejar registro, utilizar el servicio de su colega fotoperiodista o reportero gráfico para que quede imagen del instante buscado. Puede filmar para TV o mandar sus datos en todos los soportes posibles por Internet. Pero también puede apelar a la memoria y a la síntesis, a la simpleza de una técnica antiquísima y recontrausada hasta el cansancio: la descripción de lo que le tocó observar como testigo.

El periodista debe ser valiente, debe ser fuerte, debe ser arriesgado, debe ser audaz. Pero si no es ninguna de estas cosas, puede ser honesto y con eso le alcanzará de sobra: puede ser honesto para reconocer sus miedos, puede ser honesto para intentar superar debilidades, puede ser honesto para intentar audacias, y por sobre todas las cosas puede ser honesto para intentar ser periodista. El periodista debe saber que las cosas se terminan. Que nada es permanente.  Y debe tirar la solemnidad por el inodoro. Y reírse hasta morir. El periodista debe trabajar mucho, casi sin descanso, casi permanente. Pero eso no quiere decir que el mayor esfuerzo o la permanencia aseguren resultados. Habrá momentos en que usar la inteligencia ahorrará esfuerzos físicos. Pero también habrá momentos en que la inteligencia no será suficiente y deberá pedir prestada. Es de hombres inteligentes saber cuándo están al borde y consultar a los que saben más que uno en todos los asuntos posibles.

Ser periodista no debiera significar mirar desde las torres. En algunos momentos es conveniente retratar a los demás desde lugares lo más abajo posible. Intentar hablar de los demás sólo hablando de sí mismos nos acerca más al solipsismo y a la egolatría que a la cotidiana realidad del próximo.

Ser periodista es ser un contador de historias. Reales, imaginarias, inventadas o calcadas pero cada vez distintas. Y si son las mismas, cada vez mejores.

Un periodista puede ser hombre y asumirlo. Periodista podría ser una mujer y gritarlo.

Periodista podría elegir ser diferente, o ser diferente sin elegirlo, pero mostrarlo.

Un cualquiera podría. Un académico podría.

Un hombre de trabajo. Una mujer de la calle.

Un abogado podría. Un contador público, un médico o un prócer.

No hace falta inspiración ya que las musas son inventos. No hacen falta títulos de grado ni de posgrado ni multigrado.

Hacen falta algunos maestros a elección, algunas sensibilidades, emociones y pensamientos. Hace falta observar o caer rendido frente al arte, y no saber sobre intrincadas teorías. Las conspiraciones no hacen falta. Las comprobaciones sí. Los periodistas no son mejores ni peores que el resto de la raza humana. Pero nos pueden mostrar sus detalles. Un periodista sabe que ese invento de la objetividad es viejo, y que ya nadie se lo cree y terminar con esa impostura.

Un periodista no es un juez, ni un economista, ni bartender, ni una confidente, ni un ginecólogo, ni el número 9 en la cancha, ni un forense. Y tiene que buscar el lado malo de las cosas y el lado oscuro de los poderosos. Un periodista debe ser nada más que eso. E intentar molestar al que esconde lo que todos debieran saber.

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